La libertad de expresión y el derecho de reunión y manifestación, íntimamente vinculados como cauces de la democracia participativa, gozan de una posición preferente en el orden constitucional, por lo que han de ser objeto de una especial protección y necesitan “de un amplio espacio exento de coacción, lo suficientemente generoso como para que pueda desenvolverse sin angostura; esto es, sin timidez ni temor” (STc 110/2000, Fj 5) […] Cuando los cauces de expresión y de acceso al espacio público se encuentran controlados por medios de comunicación privados, cuando sectores de la sociedad tienen una gran dificultad para hacerse oír para intervenir en el debate político y social, resulta obligado admitir cierto exceso en el ejercicio de las libertades de expresión o manifestación si se quiere dotar de un mínimo de eficacia a la protesta y a la crítica, como mecanismos de imprescindible contrapeso en una democracia que se sustenta sobre el pluralismo, valor esencial, y que promueve la libre igualdad de personas y grupos para que los derechos sean reales y efectivos, como enuncia la Constitución en su título preliminar.

Sentencia de 7 de julio de la Audiencia Nacional sobre el asunto de las manifestaciones en torno al Parlament de Catalunya

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We suffer from a hallucination, from a false and distorted sensation of our own existence as living organisms. Most of us have the sensation that “I myself” is a separate center of feeling and action, living inside and bounded by the physical body — a center which “confronts” an “external” world of people and things, making contact through the senses with a universe both alien and strange. Everyday figures of speech reflect this illusion. “I came into this world.” “You must face reality.” “The conquest of nature.”

This feeling of being lonely and very temporary visitors in the universe is in flat contradiction to everything known about man (and all other living organisms) in the sciences. We do not “come into” this world; we come out of it, as leaves from a tree. As the ocean “waves,” the universe “peoples.” Every individual is an expression of the whole realm of nature, a unique action of the total universe. This fact is rarely, if ever, experienced by most individuals. Even those who know it to be true in theory do not sense or feel it, but continue to be aware of themselves as isolated “egos” inside bags of skin.

Alan Watts (via scu)

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joludi:

The Happiness Valley
De acuerdo con una reciente normativa, hasta los niños más pequeños, cuando van por el parque con su minúscula bicicleta de ruedines, deben usar casco. Si no lo hacen, sus padres se exponen  a una multa de nada menos que 200 euros. 
Esto es otro pintoresco ejemplo de cómo consentimos que los gobiernos nos sobreprotejan y nos expolien a la vez. Aceptamos que nos dirijan y controlen la vida hasta límites que rayan en lo ridículo. Y aceptamos que además nos despojen por ello. 
El tema este del casco en la bicicleta con ruedines tiene además algo de simbólico. Cuando un niño se sube a una bicicleta por primera vez, se produce su mágico encuentro con la libertad. Poco tiempo antes, iba en un cochecito, amarrado. Pero ahora va solo. Puede girar a izquierda y derecha. Dirigirse a donde quiera. Hasta tocar el timbre. Es su primera intuición de que su vida puede estar en sus manos, y no en la de los demás. Tal vez por eso, con los primeros pasos sobre la bici, iniciamos un idilio que dura muchos años. 
Pero ahora, le calzamos a la criatura un casco. Para empezar. Para que vaya comprendiendo de qué va el asunto. 
Hemos creado un sistema de poder que nos exprime, pero eso sí, lo hace vigilándonos noche y día. Y velando hipócritamente por nuestra seguridad y hasta nuestra felicidad, pese a que, por ejemplo, no tiene escrúpulos en financiarse con la lucrativa y mortífera industria del tabaco (7 mil millones de euros vale hoy la marca Winston, acabo de leer, en plena época de las falaces campañas anti-nicotina, lo que resulta sumamente significativo ). 
Felices y seguros a la fuerza nos quieren hacer, como en aquel hilarante episodio de Monty Python, The Happiness Valley, en el que vemos cómo en el país de los hombres seguros y jocosos a la fuerza, juzgan a un pobre ciudadano por el delito de no haber sido feliz durante 5 minutos. El juez, partiéndose de risa, como el resto de los asistentes al juicio, le condena a ser colgado en la horca, por lo menos hasta que se anime un poco…

joludi:

The Happiness Valley

De acuerdo con una reciente normativa, hasta los niños más pequeños, cuando van por el parque con su minúscula bicicleta de ruedines, deben usar casco. Si no lo hacen, sus padres se exponen  a una multa de nada menos que 200 euros.

Esto es otro pintoresco ejemplo de cómo consentimos que los gobiernos nos sobreprotejan y nos expolien a la vez. Aceptamos que nos dirijan y controlen la vida hasta límites que rayan en lo ridículo. Y aceptamos que además nos despojen por ello. 

El tema este del casco en la bicicleta con ruedines tiene además algo de simbólico. Cuando un niño se sube a una bicicleta por primera vez, se produce su mágico encuentro con la libertad. Poco tiempo antes, iba en un cochecito, amarrado. Pero ahora va solo. Puede girar a izquierda y derecha. Dirigirse a donde quiera. Hasta tocar el timbre. Es su primera intuición de que su vida puede estar en sus manos, y no en la de los demás. Tal vez por eso, con los primeros pasos sobre la bici, iniciamos un idilio que dura muchos años. 

Pero ahora, le calzamos a la criatura un casco. Para empezar. Para que vaya comprendiendo de qué va el asunto. 

Hemos creado un sistema de poder que nos exprime, pero eso sí, lo hace vigilándonos noche y día. Y velando hipócritamente por nuestra seguridad y hasta nuestra felicidad, pese a que, por ejemplo, no tiene escrúpulos en financiarse con la lucrativa y mortífera industria del tabaco (7 mil millones de euros vale hoy la marca Winston, acabo de leer, en plena época de las falaces campañas anti-nicotina, lo que resulta sumamente significativo ). 

Felices y seguros a la fuerza nos quieren hacer, como en aquel hilarante episodio de Monty Python, The Happiness Valley, en el que vemos cómo en el país de los hombres seguros y jocosos a la fuerza, juzgan a un pobre ciudadano por el delito de no haber sido feliz durante 5 minutos. El juez, partiéndose de risa, como el resto de los asistentes al juicio, le condena a ser colgado en la horca, por lo menos hasta que se anime un poco…

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joludi:

Tafois kekoniamenois.

Ahora se lleva mucho la camisa blanca entre los que aspiran al poder. Sánchez y Madina han hecho toda su campaña casi sin quitársela. 
Es una moda que inauguró Obama, evocando las célebres camisas blancas de los Kennedy, quienes a menudo se despojaban de la chaqueta para dar mucha imagen de energía y proactividad. 
Obama ha sabido explotar muy bien esa iconografía consagrada de la camisa blanca kennediana, con esas mangas tan descuidadamente recogidas (muy importante). 
Luego ha venido Matteo Renzi, imitando el estilo camiseril de Obama. Con gran éxito de público y crítica.
Y ahora se visten de camisa blanca estos candidatos de hipotética izquierda que reconocen sin pudor ver en el condottiero italiano un perfecto modelo a seguir. Y en Obama, claro está.
Camisa blanca. Librea de meeting. Uniforme de rottamatore. Seña de identidad de político de nueva generación y de presunta vocación progresista. 
La cosa tiene una explicación. Llevar estas camisas blancas mal remangadas y sin corbata transmite un claro mensaje subliminal (sub-limen, por debajo del límite, debajo del nivel de la conciencia). A saber: ojo, votante, esta camisa te indica que yo llevo normalmente traje y corbata, es decir, no soy un perroflauta o un friki; soy del sistema, no te vayas a creer; lo que pasa es que, una cosa no quita la otra, también me mola el buen rollito de izquierdas; soy un tío majo y currante, de verdad…pero soy una persona de orden, en última instancia. Te puedes fiar de mí. Si quiero me pongo la chaqueta y la corbata y ya está…
Es eso, básicamente. La potente semiótica de la camisa blanca remangada. Una camisa blanca que adicionalmente transmite una idea de la impecable limpieza moral en el candidato, algo muy necesario en estos tiempos. Pero esto último es un truco muy viejo. Ya lo usaban los romanos, que vestían con togas completamente blanqueadas con tiza (candidae togae) a los que se debatían en el cursus honoris en busca de algún puesto. No se si va a colar. Y además, a mí me recuerda, no se por qué, aquello tan expresivo que alguien mas autorizado que yo dedicó a los escribas y fariseos de su tiempo. Me refiero a eso de de τάφοις κεκονιαμένοις, es decir sepulcros blanqueados, tal vez bellos por fuera pero llenos, por dentro, de huesos y restos del pasado…

joludi:

Tafois kekoniamenois.

Ahora se lleva mucho la camisa blanca entre los que aspiran al poder. Sánchez y Madina han hecho toda su campaña casi sin quitársela.

Es una moda que inauguró Obama, evocando las célebres camisas blancas de los Kennedy, quienes a menudo se despojaban de la chaqueta para dar mucha imagen de energía y proactividad. 

Obama ha sabido explotar muy bien esa iconografía consagrada de la camisa blanca kennediana, con esas mangas tan descuidadamente recogidas (muy importante). 

Luego ha venido Matteo Renzi, imitando el estilo camiseril de Obama. Con gran éxito de público y crítica.

Y ahora se visten de camisa blanca estos candidatos de hipotética izquierda que reconocen sin pudor ver en el condottiero italiano un perfecto modelo a seguir. Y en Obama, claro está.

Camisa blanca. Librea de meeting. Uniforme de rottamatore. Seña de identidad de político de nueva generación y de presunta vocación progresista. 

La cosa tiene una explicación. Llevar estas camisas blancas mal remangadas y sin corbata transmite un claro mensaje subliminal (sub-limen, por debajo del límite, debajo del nivel de la conciencia). A saber: ojo, votante, esta camisa te indica que yo llevo normalmente traje y corbata, es decir, no soy un perroflauta o un friki; soy del sistema, no te vayas a creer; lo que pasa es que, una cosa no quita la otra, también me mola el buen rollito de izquierdas; soy un tío majo y currante, de verdad…pero soy una persona de orden, en última instancia. Te puedes fiar de mí. Si quiero me pongo la chaqueta y la corbata y ya está…

Es eso, básicamente. La potente semiótica de la camisa blanca remangada. Una camisa blanca que adicionalmente transmite una idea de la impecable limpieza moral en el candidato, algo muy necesario en estos tiempos. Pero esto último es un truco muy viejo. Ya lo usaban los romanos, que vestían con togas completamente blanqueadas con tiza (candidae togae) a los que se debatían en el cursus honoris en busca de algún puesto. No se si va a colar. Y además, a mí me recuerda, no se por qué, aquello tan expresivo que alguien mas autorizado que yo dedicó a los escribas y fariseos de su tiempo. Me refiero a eso de de τάφοις κεκονιαμένοις, es decir sepulcros blanqueados, tal vez bellos por fuera pero llenos, por dentro, de huesos y restos del pasado…

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Justicia para Todos

Justicia para Todos

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Cambiar de respuesta es evolución, cambiar de pregunta es revolución.

Jorge Wagensberg (via micro-cibermitanios)

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crookedindifference:

Read the Apollo 11 Flight Plan in Its 353-Page Entirety

Exactly 45 years ago today, after months of preparation, Apollo 11 embarked on its now-legendary mission to the moon. But what exactly does it take to send three men into the great, vacuous unknown? See for yourself.

This 353-page document is the entire Apollo 11 flight plan in all its scientific glory. And if it gets a little confusing it’s because this is one of those rare cases where, yes, it actually is rocket science.

Thankfully, the National Archives does provide a small amount of decoding of the highly technical literature. This acronym key should be of some help:

  • CSM = Command Service Module
  • CMP = Command Module Pilot (Mike Collins)
  • LM = Lunar Module
  • CDR = Commander of the Mission (Neil Armstrong)
  • LMP = Lunar Module Pilot (Buzz Aldrin)
  • MCC-H = Mission Control Center-Houston.
  • LLM = Lunar Landing Mision
  • S/C = Spacecraft

And as an added bonus, NASA has also kindly made available the entire Apollo 11 onboard voice transcription. Yep—you get to be privy to every last word uttered between our three space heroes as they were making history happen.

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Quiero hacer fuerza y no puedo,
siento de la muerte el frío,
quiero hacer fuerza y no puedo.
No me abandones, Dios mío,
porque queda otro barreno
entre el escombro perdío.

Cantes de levante (Cartagena-La Unión)

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joludi:

Instituciones y Mitos.
En la antigua Atenas, tan orgullosa de su democracia, era frecuente que cualquiera se preguntase por qué las mujeres no votaban. La explicación oficial siempre era la misma. La cosa se remontaba a la fundación de la ciudad. Poseidón y Atenea competían por el patronazgo. Atenea regaló a la ciudad un olivo. Poseidón hizo manar una fuente con un golpe de tridente. Y entonces se procedió a la votación. Como había muchas más mujeres que hombres (por las guerras), ganó Atenea de calle pese a que obviamente es más valiosa una fuente que un olivo. Y Poseidón, enfadadísimo, juró vengarse de la ciudad, lo que supuso incontables tribulaciones para los marineros atenienses a lo largo de los siglos. Esta es la razón, continúa la explicación oficial, porque desde entonces se considera prudente no dejar votar a las mujeres. Sería provocar aún más la ira del dios de los mares. Toda institución social necesita de mitos para sustentarse. Esa es justamente una de las funciones principales de los mitos: justificar lo que hay, sostener lo que no se quiere bajo ningún concepto modificar, por absurdo o injusto que parezca. Tenemos ejemplos muy reales y muy cerca.
 

joludi:

Instituciones y Mitos.

En la antigua Atenas, tan orgullosa de su democracia, era frecuente que cualquiera se preguntase por qué las mujeres no votaban. La explicación oficial siempre era la misma. La cosa se remontaba a la fundación de la ciudad. Poseidón y Atenea competían por el patronazgo. Atenea regaló a la ciudad un olivo. Poseidón hizo manar una fuente con un golpe de tridente. Y entonces se procedió a la votación. Como había muchas más mujeres que hombres (por las guerras), ganó Atenea de calle pese a que obviamente es más valiosa una fuente que un olivo. Y Poseidón, enfadadísimo, juró vengarse de la ciudad, lo que supuso incontables tribulaciones para los marineros atenienses a lo largo de los siglos. Esta es la razón, continúa la explicación oficial, porque desde entonces se considera prudente no dejar votar a las mujeres. Sería provocar aún más la ira del dios de los mares. Toda institución social necesita de mitos para sustentarse. Esa es justamente una de las funciones principales de los mitos: justificar lo que hay, sostener lo que no se quiere bajo ningún concepto modificar, por absurdo o injusto que parezca. Tenemos ejemplos muy reales y muy cerca.

 

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joludi:

Ndrangheta

Es fascinante el enfrentamiento que se está viviendo estos días (ya era hora) entre el Vaticano y la Ndrangheta (nombre de origen griego, como el que todavía hoy se habla en la costa calabresa, y que significa, irónicamente, “bonhomía”). 
Es muy difícil anticipar el resultado final: ora la procesión se detiene ante la casa del capo, ora Roma prohibe las procesiones en la localidad rebelde…
Porque lo curioso es que la Ndrangheta es precisamente una organización criminal profundamente vinculada a la religión. Y ahí radica el problema.
 Hay religión en sus ritos iniciáticos, a los que los maleantes llaman “bautismo”, hay religión en su identidad colectiva,  hay religión en su lenguaje, hay religión en sus presuntos valores, hay religión en sus lugares sagrados (los capos de la Ndrangheta se reúnen anualmente en el Santuario de Nuestra Señora de Polsi). 
Incluso el origen legendario de la Ndrangheta se quiere remontar a la Garduña española, la hermandad de delincuentes que conocemos muy bien por Cervantes y su Rinconete y Cortadillo: la organización de Monipodio y Caliharta, que surgió en el Toledo eclesial de principios del XV, donde incluso actuaría inicialmente como brazo irregular de la Inquisición para combatir herejes y judíos (Toledo era el lugar ideal para que ejerciese esa siniestra función). 
Esa semi-religiosa Garduña española, verdadera hermandad sagrada de maleantes, inspiradora probada de toda la literatura universal sobre el Imperio del Crimen, desde el Moriarty de Conan Doyle al Doctor Mabuse de Fritz Lang, y precedente de la otra hermandad policial pero simétrica a la que para clarificar se llamaría después Santa Hermandad, sería el modelo inspirador de las tres ramas de la mala vida en Italia, todas ellas desarrolladas en territorios que fueron largo tiempo aragoneses o españoles: la Mafia en Sicilia, la Camorra en Napoles y la Ndrangheta en Calabria. 
La Garduña hispana está en el origen de la Mala Vita, casi seguro. Y garduña es por cierto el nombre castelano de un mustélido, una especie de marta, temida en tiempos por su peligro para los corrales de gallinas. En catalán además, un gardunya es, por extensión, creo, un ladronzuelo, y también llamaban o llaman en catalán gardunya a la cárcel, como lo refleja el hecho de que en Barcelona se levantase la vieja prisión donde ahora está la Plaza de la Gardunya, cerca del mercado de la Boquería.
Esto de la Gardunya de la Ciutat Vella, es un dato más que ha abonado la teoría, no poco discutible, del origen remoto español o incluso catalán de la Ndrangheta, cuyos miembros, es cierto, aún en nuestros días se incorporan a la organización pronunciando las palabras de rigor, llenas de evocaciones religiosas e hispanas: “caliz de plaza, ostia consagrada, palabra de omertá y formada la sociedad…en en nombre de nuestros viejos antepasados, Osso Mastrosso y Carcagnoso, los tres caballeros españoles…”
¿Quien saldrá ganador de esta lucha de titanes entre la nueva Iglesia del valeroso Papa Francisco y la Ndrangheta calabresa? Difícil decirlo. Y ya lo siento.

joludi:

Ndrangheta

Es fascinante el enfrentamiento que se está viviendo estos días (ya era hora) entre el Vaticano y la Ndrangheta (nombre de origen griego, como el que todavía hoy se habla en la costa calabresa, y que significa, irónicamente, “bonhomía”). 

Es muy difícil anticipar el resultado final: ora la procesión se detiene ante la casa del capo, ora Roma prohibe las procesiones en la localidad rebelde…

Porque lo curioso es que la Ndrangheta es precisamente una organización criminal profundamente vinculada a la religión. Y ahí radica el problema.

Hay religión en sus ritos iniciáticos, a los que los maleantes llaman “bautismo”, hay religión en su identidad colectiva,  hay religión en su lenguaje, hay religión en sus presuntos valores, hay religión en sus lugares sagrados (los capos de la Ndrangheta se reúnen anualmente en el Santuario de Nuestra Señora de Polsi). 

Incluso el origen legendario de la Ndrangheta se quiere remontar a la Garduña española, la hermandad de delincuentes que conocemos muy bien por Cervantes y su Rinconete y Cortadillo: la organización de Monipodio y Caliharta, que surgió en el Toledo eclesial de principios del XV, donde incluso actuaría inicialmente como brazo irregular de la Inquisición para combatir herejes y judíos (Toledo era el lugar ideal para que ejerciese esa siniestra función).

Esa semi-religiosa Garduña española, verdadera hermandad sagrada de maleantes, inspiradora probada de toda la literatura universal sobre el Imperio del Crimen, desde el Moriarty de Conan Doyle al Doctor Mabuse de Fritz Lang, y precedente de la otra hermandad policial pero simétrica a la que para clarificar se llamaría después Santa Hermandad, sería el modelo inspirador de las tres ramas de la mala vida en Italia, todas ellas desarrolladas en territorios que fueron largo tiempo aragoneses o españoles: la Mafia en Sicilia, la Camorra en Napoles y la Ndrangheta en Calabria.

La Garduña hispana está en el origen de la Mala Vita, casi seguro. Y garduña es por cierto el nombre castelano de un mustélido, una especie de marta, temida en tiempos por su peligro para los corrales de gallinas. En catalán además, un gardunya es, por extensión, creo, un ladronzuelo, y también llamaban o llaman en catalán gardunya a la cárcel, como lo refleja el hecho de que en Barcelona se levantase la vieja prisión donde ahora está la Plaza de la Gardunya, cerca del mercado de la Boquería.

Esto de la Gardunya de la Ciutat Vella, es un dato más que ha abonado la teoría, no poco discutible, del origen remoto español o incluso catalán de la Ndrangheta, cuyos miembros, es cierto, aún en nuestros días se incorporan a la organización pronunciando las palabras de rigor, llenas de evocaciones religiosas e hispanas: “caliz de plaza, ostia consagrada, palabra de omertá y formada la sociedad…en en nombre de nuestros viejos antepasados, Osso Mastrosso y Carcagnoso, los tres caballeros españoles…

¿Quien saldrá ganador de esta lucha de titanes entre la nueva Iglesia del valeroso Papa Francisco y la Ndrangheta calabresa? Difícil decirlo. Y ya lo siento.

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joludi:

Milagros.
Me pregunta Marta si yo creo en los milagros. ¡Pues claro que sí!,  le contesto. Cómo no creer en los milagros cuando se conocen los maravillosos prodigios que obra la Ley de los Grandes Números, que a su vez es el fundamento de la llamada Teoría de las Coincidencias.
La Teoría de las Coincidencias, que establece un escenario perfectamente racional para esas coincidencias que tendemos a calificar como milagrosas, fue propuesta por los matemáticos Persi Diaconis y Frederick Mosteller. Se basa en dos ideas clave: 1) aquello que solo puede ocurrir con una probabilidad de uno entre un millón, acabará ocurriendo, por mucho que nos sorprenda cuando ocurra y 2) los seres humanos tendemos a sobreestimar notablemente la improbabilidad de los acontecimientos, cuando la probabilidad de que ocurran es realmente pequeña. Sobre estos dos principios, se establece que cuando un enorme número de eventos y de gente interaccionan a lo largo de un período de tiempo suficientemente extenso, incluso los hechos más impensables acaban teniendo lugar.
El admirable Freeman Dyson, ha llamado a este efecto la “Ley de Littlewood de los Milagros”. Si asumimos que que un milagro es cualquier evento que tiene especial significación cuando ocurre con una frecuencia de uno entre un millón, podemos calcular la probabilidad de que ocurra dicho milagro: multipliquemos las ocho horas del día durante las que estamos despiertos por el número total de eventos que por término medio nos ocurren, que son unos 30 mil por día, o un millón por mes. Ahora si, saltamos del nivel individual al social, cada día ocurrirán en torno a 60 hechos milagrosos en España, y unos 7.000 en el mundo. 
Un milagro entonces, simple aritmética, es algo que ocurre miles de veces en el mundo. Tal vez no nos enteramos, pero es así. Y ahora, con el boom de la interrelación entre las personas, las redes sociales y todo eso, acabaremos por enterarnos cada vez más, ya se verá.
Así que creo en los milagros en la misma medida que creo en las matemáticas. Y para probarlo, anteayer me compré un maravilloso libro que está lleno de ilustraciones del siglo XVI como la que reproduzco. Es el facsimil del fastuoso Das Wunderzdeichenbuch, el Libro de los Milagros, una obra maestra del arte editorial, publicada en Augsburgo en 1532. Soy feliz con él en mi biblioteca. Milagrosamente feliz.

joludi:

Milagros.

Me pregunta Marta si yo creo en los milagros. ¡Pues claro que sí!,  le contesto. Cómo no creer en los milagros cuando se conocen los maravillosos prodigios que obra la Ley de los Grandes Números, que a su vez es el fundamento de la llamada Teoría de las Coincidencias.

La Teoría de las Coincidencias, que establece un escenario perfectamente racional para esas coincidencias que tendemos a calificar como milagrosas, fue propuesta por los matemáticos Persi Diaconis y Frederick Mosteller. Se basa en dos ideas clave: 1) aquello que solo puede ocurrir con una probabilidad de uno entre un millón, acabará ocurriendo, por mucho que nos sorprenda cuando ocurra y 2) los seres humanos tendemos a sobreestimar notablemente la improbabilidad de los acontecimientos, cuando la probabilidad de que ocurran es realmente pequeña. Sobre estos dos principios, se establece que cuando un enorme número de eventos y de gente interaccionan a lo largo de un período de tiempo suficientemente extenso, incluso los hechos más impensables acaban teniendo lugar.

El admirable Freeman Dyson, ha llamado a este efecto la “Ley de Littlewood de los Milagros”. Si asumimos que que un milagro es cualquier evento que tiene especial significación cuando ocurre con una frecuencia de uno entre un millón, podemos calcular la probabilidad de que ocurra dicho milagro: multipliquemos las ocho horas del día durante las que estamos despiertos por el número total de eventos que por término medio nos ocurren, que son unos 30 mil por día, o un millón por mes. Ahora si, saltamos del nivel individual al social, cada día ocurrirán en torno a 60 hechos milagrosos en España, y unos 7.000 en el mundo. 

Un milagro entonces, simple aritmética, es algo que ocurre miles de veces en el mundo. Tal vez no nos enteramos, pero es así. Y ahora, con el boom de la interrelación entre las personas, las redes sociales y todo eso, acabaremos por enterarnos cada vez más, ya se verá.

Así que creo en los milagros en la misma medida que creo en las matemáticas. Y para probarlo, anteayer me compré un maravilloso libro que está lleno de ilustraciones del siglo XVI como la que reproduzco. Es el facsimil del fastuoso Das Wunderzdeichenbuch, el Libro de los Milagros, una obra maestra del arte editorial, publicada en Augsburgo en 1532. Soy feliz con él en mi biblioteca. Milagrosamente feliz.

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joludi:

Gotham

Al hilo de mi post sobre el origen del nombre de Gowex, alguien me ha llamado la atención sobre el no menos curioso nombre de la empresa que ha puesto en evidencia a estos estafadores del Go West, Go Wifi, Gowex. En efecto, suena raro que una firma se autodenomine Gotham Research. Pero tiene su lógica. La idea de Gotham Research es justamente poner en evidencia a las empresas golfas, a las firmas que utilizan auditorías falsas, a las compañías especializadas en recurrir a los trucos chapuceros de la mal llamada ingeniería financiera. 
Gotham Research evoca la ciudad corrupta, decadente, oscura y tristemente gótica del mundo de DC Comics, la contrafigura de la luminosa metrópolis de Clark Kent. ¿Y por qué pone en evidencia Gotham Research a los golfos de la contabilidad creativa? ¿Afán justiciero? ¿Profundo sentido ético? Nop. El asunto es poner en evidencia esas empresas justo después de haberse puesto en corto con ellas, es decir, justo después de haber apostado en la Bolsa a que no tardarían en hundirse. Self fulfilling prophecy, porque al desvelar en el momento apropiado su concienzuda investigación, los de Gotham Research derrumban a la empresa en cuestión y recogen seguidamente los réditos bursátiles. Así es el mundo de las finanzas. Así es la gran Gotham City del los mercados financieros.

joludi:

Gotham

Al hilo de mi post sobre el origen del nombre de Gowex, alguien me ha llamado la atención sobre el no menos curioso nombre de la empresa que ha puesto en evidencia a estos estafadores del Go West, Go Wifi, Gowex. En efecto, suena raro que una firma se autodenomine Gotham Research. Pero tiene su lógica. La idea de Gotham Research es justamente poner en evidencia a las empresas golfas, a las firmas que utilizan auditorías falsas, a las compañías especializadas en recurrir a los trucos chapuceros de la mal llamada ingeniería financiera.

Gotham Research evoca la ciudad corrupta, decadente, oscura y tristemente gótica del mundo de DC Comics, la contrafigura de la luminosa metrópolis de Clark Kent. ¿Y por qué pone en evidencia Gotham Research a los golfos de la contabilidad creativa? ¿Afán justiciero? ¿Profundo sentido ético? Nop. El asunto es poner en evidencia esas empresas justo después de haberse puesto en corto con ellas, es decir, justo después de haber apostado en la Bolsa a que no tardarían en hundirse. Self fulfilling prophecy, porque al desvelar en el momento apropiado su concienzuda investigación, los de Gotham Research derrumban a la empresa en cuestión y recogen seguidamente los réditos bursátiles. Así es el mundo de las finanzas. Así es la gran Gotham City del los mercados financieros.

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micro-cibermitanios:

Movimientos rectilíneos

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Movimientos rectilíneos

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joludi:

Probable.

Las palabras, como todo, se adaptan al entorno. Un sencillo ejemplo es la palabra “probable”. Inicialmente, en su forma latina, “probabilis”, se usaba para referirse a algo que resultaba tan cierto como para poderse probar y demostrar, si preciso fuere. Pero, claro, se abusó de la palabra. Los astrólogos medievales consideraban probabilis aquello que en realidad no resultaba después ser tan cierto. Lo mismo los abogados en los juicios. O los médicos ante la evolución de la enfermedad o los esperables resultados de una pócima.Con el tiempo, lo que a ciencia cierta podía probarse se quedó simplemente en eso, en probable. Y, más aún, nació, con toda majestad, la Teoría de la Probabilidad, pero no como teoría de la certeza, sino más bien como Teoría de la Incertidumbre. 

Vivimos la Edad de la Indeterminación. La física contemporánea ha convertido las verdades en una cuestión meramente probabilística. Pero antes de que eso hubiese ocurrido, el lenguaje ya se había adaptado muy oportunamente a la transformación. 

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Probable.

Las palabras, como todo, se adaptan al entorno. Un sencillo ejemplo es la palabra “probable”. Inicialmente, en su forma latina, “probabilis”, se usaba para referirse a algo que resultaba tan cierto como para poderse probar y demostrar, si preciso fuere. Pero, claro, se abusó de la palabra. Los astrólogos medievales consideraban probabilis aquello que en realidad no resultaba después ser tan cierto. Lo mismo los abogados en los juicios. O los médicos ante la evolución de la enfermedad o los esperables resultados de una pócima.Con el tiempo, lo que a ciencia cierta podía probarse se quedó simplemente en eso, en probable. Y, más aún, nació, con toda majestad, la Teoría de la Probabilidad, pero no como teoría de la certeza, sino más bien como Teoría de la Incertidumbre. 

Vivimos la Edad de la Indeterminación. La física contemporánea ha convertido las verdades en una cuestión meramente probabilística. Pero antes de que eso hubiese ocurrido, el lenguaje ya se había adaptado muy oportunamente a la transformación. 

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