El blog de Joseph Webley-Fosbery

Jul 30

joludi:

Libro caca.

Hablan en los periódicos de las tristes hazañas de Boko Haram. Y aprovechan para decir que el extraño nombre de esta organización significa en hausa, la lengua que hablan algunas decenas de millones de habitantes de Africa occidental, algo así como “la educación no islámica es pecado”. 
Esto es solo aproximadamente así. Y demostraré además que no es una expresión tan exótica.
Boko es el término hausa que se usaba, sí, despectivamente, para referirse a los materiales educativos traídos a Nigeria desde Europa por los ocupantes coloniales. Materiales o procedimientos a los que con ese término se quería tildar de fraude o engaño. Curiosamente, boko, que evoca también el inglés book, aunque no sea esa su etimología real,  pese a las apariencias, es una palabra que ha sido tomada en préstamo por los angloparlantes, en la forma de la conocida palabra inglesa bogus, fraude, fraudulento. Bogus es una palabra que a menudo se usa para calificar email engañosos, como por ejemplo, y ya es curioso, los famosos emails del timo del “nigeriano”, que son justamente el paradigma del bogus email. Osea, que estamos ante una cierta forma de justicia lingüística, porque el término boko retorna, mira por donde, en la forma de bogus, justamente a donde nació…
En cuanto a Haram, es también un vocablo sumamente interesante. Su origen remoto es el mismo que el del sánscrito “Hari”, que es uno de los muchos nombres o atributos del dios Vishnu, y que significa literalmente “el que recoge”, “el que retira”, y se refiere al hecho de que es Vishnu quien retira los pecados de los hombres o remueve la ilusión engañosa de la percepción que tenemos del mundo, es decir, la samsara. O ambas cosas. El hecho es que Hare, “el que remueve”, pasa a ser en el mundo indostánico un calificativo de todo lo numinoso, de todo lo divino. 
Y el término hari o hare (como en Hare Krishna) viaja muy lejos, desde la India o Irán hasta el Creciente Fértil. Llega “hare" por ejemplo hasta el mundo semítico, que importa la palabra en la forma del término hebreo herem que, además, sufre al ser importado una llamativa evolución semántica, de esas que a mí me gustan por lo significativo: el herem hebreo ya no es meramente lo sagrado, como el hare sánscrito, sino más bien lo que, por razones sagradas o religiosas, resulta prohibido o vedado, en suma, lo que es tabú. 
Una cosa, un acto, o una persona que resulta pecaminosa, es declarada entre los judíos “herem”, o “cherem”. Un caso famoso de persona cherem fue Spinoza, a quien proscribieron los rabinos de Amsterdam por su profesión de panteismo naturalista. Otro caso notorio de “cherem” fue el de León Trotsky, declarado proscrito por parte de los rabíes de la sinagoga de Odesa. A Zinoviev también le endosaron el nefando epíteto.
Paralelo a este sentido hebreo de proscripción o veto, y con idéntica etimología, tenemos también el árabe haram o harram, que es por cierto el antecesor (vía “muharram”) de nuestra palabra “marrano”, en la acepción usada en tiempos de la Inquisición para referirse a los conversos o falsos conversos. 
A su vez, haram, en una nueva vuelta de tuerca semántica, acaba produciendo entre los árabes  el sustantivo harem, o harén, pues un serrallo es, ciertamente, un lugar sumamente sagrado, al que está prohibido acceder. A no ser que seas el dueño del harem, claro está.
En fin, todo este rollo me lo he marcado porque me divertía mostrar que boko haram no es una expresión tan exótica. Y es que en el mundo del lenguaje casi nada es exótico. Todo acaba siendo familiar cuando empiezas a escarbar en las palabras.
Hemos visto que no nos es demasiado ajena la palabra boko, en la forma inglesa de bogus. Y tampoco lo es, ni mucho menos, haram, término casi universal para referirse a lo que es sagrado inicialmente, y que después deviene en prohibido (lo cual, obviamente, da mucho que pensar, pues sugiere que la sacralización no es sino un método estupendamente práctico que el hombre utiliza históricamente para prohibir cosas y restringir libertades del prójimo).
Y en cuanto al sentido preciso de la dichosa expresión “boko haram” yo creo que a la luz de todo lo que he indicado, podríamos traducirla no tanto como “la educación occidental es pecado”, sino más bien, y de una forma mucho más exacta, sucinta y expresiva como: libro caca. 
Boko Haram. Una triste forma de pensar y actuar que por supuesto no es privativa de los hausa, ni muchísimo menos…Nuestra propia historia es una historia tejida a partir de incontables sucesiones de bibliocaustos e inquisiciones, ya lo creo. Libro caca.

joludi:

Libro caca.

Hablan en los periódicos de las tristes hazañas de Boko Haram. Y aprovechan para decir que el extraño nombre de esta organización significa en hausa, la lengua que hablan algunas decenas de millones de habitantes de Africa occidental, algo así como “la educación no islámica es pecado”. 

Esto es solo aproximadamente así. Y demostraré además que no es una expresión tan exótica.

Boko es el término hausa que se usaba, sí, despectivamente, para referirse a los materiales educativos traídos a Nigeria desde Europa por los ocupantes coloniales. Materiales o procedimientos a los que con ese término se quería tildar de fraude o engaño. Curiosamente, boko, que evoca también el inglés book, aunque no sea esa su etimología real,  pese a las apariencias, es una palabra que ha sido tomada en préstamo por los angloparlantes, en la forma de la conocida palabra inglesa bogus, fraude, fraudulento. Bogus es una palabra que a menudo se usa para calificar email engañosos, como por ejemplo, y ya es curioso, los famosos emails del timo del “nigeriano”, que son justamente el paradigma del bogus email. Osea, que estamos ante una cierta forma de justicia lingüística, porque el término boko retorna, mira por donde, en la forma de bogus, justamente a donde nació…

En cuanto a Haram, es también un vocablo sumamente interesante. Su origen remoto es el mismo que el del sánscrito “Hari”, que es uno de los muchos nombres o atributos del dios Vishnu, y que significa literalmente “el que recoge”, “el que retira”, y se refiere al hecho de que es Vishnu quien retira los pecados de los hombres o remueve la ilusión engañosa de la percepción que tenemos del mundo, es decir, la samsara. O ambas cosas. El hecho es que Hare, “el que remueve”, pasa a ser en el mundo indostánico un calificativo de todo lo numinoso, de todo lo divino. 

Y el término hari o hare (como en Hare Krishna) viaja muy lejos, desde la India o Irán hasta el Creciente Fértil. Llega “hare" por ejemplo hasta el mundo semítico, que importa la palabra en la forma del término hebreo herem que, además, sufre al ser importado una llamativa evolución semántica, de esas que a mí me gustan por lo significativo: el herem hebreo ya no es meramente lo sagrado, como el hare sánscrito, sino más bien lo que, por razones sagradas o religiosas, resulta prohibido o vedado, en suma, lo que es tabú. 

Una cosa, un acto, o una persona que resulta pecaminosa, es declarada entre los judíos “herem”, o “cherem”. Un caso famoso de persona cherem fue Spinoza, a quien proscribieron los rabinos de Amsterdam por su profesión de panteismo naturalista. Otro caso notorio de “cherem” fue el de León Trotsky, declarado proscrito por parte de los rabíes de la sinagoga de Odesa. A Zinoviev también le endosaron el nefando epíteto.

Paralelo a este sentido hebreo de proscripción o veto, y con idéntica etimología, tenemos también el árabe haram o harram, que es por cierto el antecesor (vía “muharram”) de nuestra palabra “marrano”, en la acepción usada en tiempos de la Inquisición para referirse a los conversos o falsos conversos.

A su vez, haram, en una nueva vuelta de tuerca semántica, acaba produciendo entre los árabes  el sustantivo harem, o harén, pues un serrallo es, ciertamente, un lugar sumamente sagrado, al que está prohibido acceder. A no ser que seas el dueño del harem, claro está.

En fin, todo este rollo me lo he marcado porque me divertía mostrar que boko haram no es una expresión tan exótica. Y es que en el mundo del lenguaje casi nada es exótico. Todo acaba siendo familiar cuando empiezas a escarbar en las palabras.

Hemos visto que no nos es demasiado ajena la palabra boko, en la forma inglesa de bogus. Y tampoco lo es, ni mucho menos, haram, término casi universal para referirse a lo que es sagrado inicialmente, y que después deviene en prohibido (lo cual, obviamente, da mucho que pensar, pues sugiere que la sacralización no es sino un método estupendamente práctico que el hombre utiliza históricamente para prohibir cosas y restringir libertades del prójimo).

Y en cuanto al sentido preciso de la dichosa expresión “boko haram” yo creo que a la luz de todo lo que he indicado, podríamos traducirla no tanto como “la educación occidental es pecado”, sino más bien, y de una forma mucho más exacta, sucinta y expresiva como: libro caca. 

Boko Haram. Una triste forma de pensar y actuar que por supuesto no es privativa de los hausa, ni muchísimo menos…Nuestra propia historia es una historia tejida a partir de incontables sucesiones de bibliocaustos e inquisiciones, ya lo creo. Libro caca.

Jul 20

“La libertad de expresión y el derecho de reunión y manifestación, íntimamente vinculados como cauces de la democracia participativa, gozan de una posición preferente en el orden constitucional, por lo que han de ser objeto de una especial protección y necesitan “de un amplio espacio exento de coacción, lo suficientemente generoso como para que pueda desenvolverse sin angostura; esto es, sin timidez ni temor” (STc 110/2000, Fj 5) […] Cuando los cauces de expresión y de acceso al espacio público se encuentran controlados por medios de comunicación privados, cuando sectores de la sociedad tienen una gran dificultad para hacerse oír para intervenir en el debate político y social, resulta obligado admitir cierto exceso en el ejercicio de las libertades de expresión o manifestación si se quiere dotar de un mínimo de eficacia a la protesta y a la crítica, como mecanismos de imprescindible contrapeso en una democracia que se sustenta sobre el pluralismo, valor esencial, y que promueve la libre igualdad de personas y grupos para que los derechos sean reales y efectivos, como enuncia la Constitución en su título preliminar.” — Sentencia de 7 de julio de la Audiencia Nacional sobre el asunto de las manifestaciones en torno al Parlament de Catalunya

We suffer from a hallucination, from a false and distorted sensation of our own existence as living organisms. Most of us have the sensation that “I myself” is a separate center of feeling and action, living inside and bounded by the physical body — a center which “confronts” an “external” world of people and things, making contact through the senses with a universe both alien and strange. Everyday figures of speech reflect this illusion. “I came into this world.” “You must face reality.” “The conquest of nature.”

This feeling of being lonely and very temporary visitors in the universe is in flat contradiction to everything known about man (and all other living organisms) in the sciences. We do not “come into” this world; we come out of it, as leaves from a tree. As the ocean “waves,” the universe “peoples.” Every individual is an expression of the whole realm of nature, a unique action of the total universe. This fact is rarely, if ever, experienced by most individuals. Even those who know it to be true in theory do not sense or feel it, but continue to be aware of themselves as isolated “egos” inside bags of skin.

” — Alan Watts (via scu)

(vía marilink)

joludi:

The Happiness Valley
De acuerdo con una reciente normativa, hasta los niños más pequeños, cuando van por el parque con su minúscula bicicleta de ruedines, deben usar casco. Si no lo hacen, sus padres se exponen  a una multa de nada menos que 200 euros. 
Esto es otro pintoresco ejemplo de cómo consentimos que los gobiernos nos sobreprotejan y nos expolien a la vez. Aceptamos que nos dirijan y controlen la vida hasta límites que rayan en lo ridículo. Y aceptamos que además nos despojen por ello. 
El tema este del casco en la bicicleta con ruedines tiene además algo de simbólico. Cuando un niño se sube a una bicicleta por primera vez, se produce su mágico encuentro con la libertad. Poco tiempo antes, iba en un cochecito, amarrado. Pero ahora va solo. Puede girar a izquierda y derecha. Dirigirse a donde quiera. Hasta tocar el timbre. Es su primera intuición de que su vida puede estar en sus manos, y no en la de los demás. Tal vez por eso, con los primeros pasos sobre la bici, iniciamos un idilio que dura muchos años. 
Pero ahora, le calzamos a la criatura un casco. Para empezar. Para que vaya comprendiendo de qué va el asunto. 
Hemos creado un sistema de poder que nos exprime, pero eso sí, lo hace vigilándonos noche y día. Y velando hipócritamente por nuestra seguridad y hasta nuestra felicidad, pese a que, por ejemplo, no tiene escrúpulos en financiarse con la lucrativa y mortífera industria del tabaco (7 mil millones de euros vale hoy la marca Winston, acabo de leer, en plena época de las falaces campañas anti-nicotina, lo que resulta sumamente significativo ). 
Felices y seguros a la fuerza nos quieren hacer, como en aquel hilarante episodio de Monty Python, The Happiness Valley, en el que vemos cómo en el país de los hombres seguros y jocosos a la fuerza, juzgan a un pobre ciudadano por el delito de no haber sido feliz durante 5 minutos. El juez, partiéndose de risa, como el resto de los asistentes al juicio, le condena a ser colgado en la horca, por lo menos hasta que se anime un poco…

joludi:

The Happiness Valley

De acuerdo con una reciente normativa, hasta los niños más pequeños, cuando van por el parque con su minúscula bicicleta de ruedines, deben usar casco. Si no lo hacen, sus padres se exponen  a una multa de nada menos que 200 euros.

Esto es otro pintoresco ejemplo de cómo consentimos que los gobiernos nos sobreprotejan y nos expolien a la vez. Aceptamos que nos dirijan y controlen la vida hasta límites que rayan en lo ridículo. Y aceptamos que además nos despojen por ello. 

El tema este del casco en la bicicleta con ruedines tiene además algo de simbólico. Cuando un niño se sube a una bicicleta por primera vez, se produce su mágico encuentro con la libertad. Poco tiempo antes, iba en un cochecito, amarrado. Pero ahora va solo. Puede girar a izquierda y derecha. Dirigirse a donde quiera. Hasta tocar el timbre. Es su primera intuición de que su vida puede estar en sus manos, y no en la de los demás. Tal vez por eso, con los primeros pasos sobre la bici, iniciamos un idilio que dura muchos años. 

Pero ahora, le calzamos a la criatura un casco. Para empezar. Para que vaya comprendiendo de qué va el asunto. 

Hemos creado un sistema de poder que nos exprime, pero eso sí, lo hace vigilándonos noche y día. Y velando hipócritamente por nuestra seguridad y hasta nuestra felicidad, pese a que, por ejemplo, no tiene escrúpulos en financiarse con la lucrativa y mortífera industria del tabaco (7 mil millones de euros vale hoy la marca Winston, acabo de leer, en plena época de las falaces campañas anti-nicotina, lo que resulta sumamente significativo ). 

Felices y seguros a la fuerza nos quieren hacer, como en aquel hilarante episodio de Monty Python, The Happiness Valley, en el que vemos cómo en el país de los hombres seguros y jocosos a la fuerza, juzgan a un pobre ciudadano por el delito de no haber sido feliz durante 5 minutos. El juez, partiéndose de risa, como el resto de los asistentes al juicio, le condena a ser colgado en la horca, por lo menos hasta que se anime un poco…

joludi:

Tafois kekoniamenois.

Ahora se lleva mucho la camisa blanca entre los que aspiran al poder. Sánchez y Madina han hecho toda su campaña casi sin quitársela. 
Es una moda que inauguró Obama, evocando las célebres camisas blancas de los Kennedy, quienes a menudo se despojaban de la chaqueta para dar mucha imagen de energía y proactividad. 
Obama ha sabido explotar muy bien esa iconografía consagrada de la camisa blanca kennediana, con esas mangas tan descuidadamente recogidas (muy importante). 
Luego ha venido Matteo Renzi, imitando el estilo camiseril de Obama. Con gran éxito de público y crítica.
Y ahora se visten de camisa blanca estos candidatos de hipotética izquierda que reconocen sin pudor ver en el condottiero italiano un perfecto modelo a seguir. Y en Obama, claro está.
Camisa blanca. Librea de meeting. Uniforme de rottamatore. Seña de identidad de político de nueva generación y de presunta vocación progresista. 
La cosa tiene una explicación. Llevar estas camisas blancas mal remangadas y sin corbata transmite un claro mensaje subliminal (sub-limen, por debajo del límite, debajo del nivel de la conciencia). A saber: ojo, votante, esta camisa te indica que yo llevo normalmente traje y corbata, es decir, no soy un perroflauta o un friki; soy del sistema, no te vayas a creer; lo que pasa es que, una cosa no quita la otra, también me mola el buen rollito de izquierdas; soy un tío majo y currante, de verdad…pero soy una persona de orden, en última instancia. Te puedes fiar de mí. Si quiero me pongo la chaqueta y la corbata y ya está…
Es eso, básicamente. La potente semiótica de la camisa blanca remangada. Una camisa blanca que adicionalmente transmite una idea de la impecable limpieza moral en el candidato, algo muy necesario en estos tiempos. Pero esto último es un truco muy viejo. Ya lo usaban los romanos, que vestían con togas completamente blanqueadas con tiza (candidae togae) a los que se debatían en el cursus honoris en busca de algún puesto. No se si va a colar. Y además, a mí me recuerda, no se por qué, aquello tan expresivo que alguien mas autorizado que yo dedicó a los escribas y fariseos de su tiempo. Me refiero a eso de de τάφοις κεκονιαμένοις, es decir sepulcros blanqueados, tal vez bellos por fuera pero llenos, por dentro, de huesos y restos del pasado…

joludi:

Tafois kekoniamenois.

Ahora se lleva mucho la camisa blanca entre los que aspiran al poder. Sánchez y Madina han hecho toda su campaña casi sin quitársela.

Es una moda que inauguró Obama, evocando las célebres camisas blancas de los Kennedy, quienes a menudo se despojaban de la chaqueta para dar mucha imagen de energía y proactividad. 

Obama ha sabido explotar muy bien esa iconografía consagrada de la camisa blanca kennediana, con esas mangas tan descuidadamente recogidas (muy importante). 

Luego ha venido Matteo Renzi, imitando el estilo camiseril de Obama. Con gran éxito de público y crítica.

Y ahora se visten de camisa blanca estos candidatos de hipotética izquierda que reconocen sin pudor ver en el condottiero italiano un perfecto modelo a seguir. Y en Obama, claro está.

Camisa blanca. Librea de meeting. Uniforme de rottamatore. Seña de identidad de político de nueva generación y de presunta vocación progresista. 

La cosa tiene una explicación. Llevar estas camisas blancas mal remangadas y sin corbata transmite un claro mensaje subliminal (sub-limen, por debajo del límite, debajo del nivel de la conciencia). A saber: ojo, votante, esta camisa te indica que yo llevo normalmente traje y corbata, es decir, no soy un perroflauta o un friki; soy del sistema, no te vayas a creer; lo que pasa es que, una cosa no quita la otra, también me mola el buen rollito de izquierdas; soy un tío majo y currante, de verdad…pero soy una persona de orden, en última instancia. Te puedes fiar de mí. Si quiero me pongo la chaqueta y la corbata y ya está…

Es eso, básicamente. La potente semiótica de la camisa blanca remangada. Una camisa blanca que adicionalmente transmite una idea de la impecable limpieza moral en el candidato, algo muy necesario en estos tiempos. Pero esto último es un truco muy viejo. Ya lo usaban los romanos, que vestían con togas completamente blanqueadas con tiza (candidae togae) a los que se debatían en el cursus honoris en busca de algún puesto. No se si va a colar. Y además, a mí me recuerda, no se por qué, aquello tan expresivo que alguien mas autorizado que yo dedicó a los escribas y fariseos de su tiempo. Me refiero a eso de de τάφοις κεκονιαμένοις, es decir sepulcros blanqueados, tal vez bellos por fuera pero llenos, por dentro, de huesos y restos del pasado…

Jul 19

Justicia para Todos

Justicia para Todos

Jul 18

Podemos y alguna leyenda urbana -

infolibre.es

Los estudios postelectorales concluyen algo incontestable: Podemos goza de un grado de simpatía extraordinario y cimentado tanto en sus propios méritos como en la antipatía suscitada por los demás partidos.

El llamado efecto bandwagon o de arrastre (subirse al carro del triunfador) hace que un 4,7% de electores digan al CIS que votaron a Podemos aunque en realidad no lo hicieron, del mismo modo que un montón de gente que se abstuvo dice ahora que acudió a votar.

Jul 17

“Cambiar de respuesta es evolución, cambiar de pregunta es revolución.” — Jorge Wagensberg (via micro-cibermitanios)

[video]

“Quiero hacer fuerza y no puedo,
siento de la muerte el frío,
quiero hacer fuerza y no puedo.
No me abandones, Dios mío,
porque queda otro barreno
entre el escombro perdío.” — Cantes de levante (Cartagena-La Unión)

Jul 13

joludi:

Instituciones y Mitos.
En la antigua Atenas, tan orgullosa de su democracia, era frecuente que cualquiera se preguntase por qué las mujeres no votaban. La explicación oficial siempre era la misma. La cosa se remontaba a la fundación de la ciudad. Poseidón y Atenea competían por el patronazgo. Atenea regaló a la ciudad un olivo. Poseidón hizo manar una fuente con un golpe de tridente. Y entonces se procedió a la votación. Como había muchas más mujeres que hombres (por las guerras), ganó Atenea de calle pese a que obviamente es más valiosa una fuente que un olivo. Y Poseidón, enfadadísimo, juró vengarse de la ciudad, lo que supuso incontables tribulaciones para los marineros atenienses a lo largo de los siglos. Esta es la razón, continúa la explicación oficial, porque desde entonces se considera prudente no dejar votar a las mujeres. Sería provocar aún más la ira del dios de los mares. Toda institución social necesita de mitos para sustentarse. Esa es justamente una de las funciones principales de los mitos: justificar lo que hay, sostener lo que no se quiere bajo ningún concepto modificar, por absurdo o injusto que parezca. Tenemos ejemplos muy reales y muy cerca.
 

joludi:

Instituciones y Mitos.

En la antigua Atenas, tan orgullosa de su democracia, era frecuente que cualquiera se preguntase por qué las mujeres no votaban. La explicación oficial siempre era la misma. La cosa se remontaba a la fundación de la ciudad. Poseidón y Atenea competían por el patronazgo. Atenea regaló a la ciudad un olivo. Poseidón hizo manar una fuente con un golpe de tridente. Y entonces se procedió a la votación. Como había muchas más mujeres que hombres (por las guerras), ganó Atenea de calle pese a que obviamente es más valiosa una fuente que un olivo. Y Poseidón, enfadadísimo, juró vengarse de la ciudad, lo que supuso incontables tribulaciones para los marineros atenienses a lo largo de los siglos. Esta es la razón, continúa la explicación oficial, porque desde entonces se considera prudente no dejar votar a las mujeres. Sería provocar aún más la ira del dios de los mares. Toda institución social necesita de mitos para sustentarse. Esa es justamente una de las funciones principales de los mitos: justificar lo que hay, sostener lo que no se quiere bajo ningún concepto modificar, por absurdo o injusto que parezca. Tenemos ejemplos muy reales y muy cerca.

 

joludi:

Ndrangheta

Es fascinante el enfrentamiento que se está viviendo estos días (ya era hora) entre el Vaticano y la Ndrangheta (nombre de origen griego, como el que todavía hoy se habla en la costa calabresa, y que significa, irónicamente, “bonhomía”). 
Es muy difícil anticipar el resultado final: ora la procesión se detiene ante la casa del capo, ora Roma prohibe las procesiones en la localidad rebelde…
Porque lo curioso es que la Ndrangheta es precisamente una organización criminal profundamente vinculada a la religión. Y ahí radica el problema.
 Hay religión en sus ritos iniciáticos, a los que los maleantes llaman “bautismo”, hay religión en su identidad colectiva,  hay religión en su lenguaje, hay religión en sus presuntos valores, hay religión en sus lugares sagrados (los capos de la Ndrangheta se reúnen anualmente en el Santuario de Nuestra Señora de Polsi). 
Incluso el origen legendario de la Ndrangheta se quiere remontar a la Garduña española, la hermandad de delincuentes que conocemos muy bien por Cervantes y su Rinconete y Cortadillo: la organización de Monipodio y Caliharta, que surgió en el Toledo eclesial de principios del XV, donde incluso actuaría inicialmente como brazo irregular de la Inquisición para combatir herejes y judíos (Toledo era el lugar ideal para que ejerciese esa siniestra función). 
Esa semi-religiosa Garduña española, verdadera hermandad sagrada de maleantes, inspiradora probada de toda la literatura universal sobre el Imperio del Crimen, desde el Moriarty de Conan Doyle al Doctor Mabuse de Fritz Lang, y precedente de la otra hermandad policial pero simétrica a la que para clarificar se llamaría después Santa Hermandad, sería el modelo inspirador de las tres ramas de la mala vida en Italia, todas ellas desarrolladas en territorios que fueron largo tiempo aragoneses o españoles: la Mafia en Sicilia, la Camorra en Napoles y la Ndrangheta en Calabria. 
La Garduña hispana está en el origen de la Mala Vita, casi seguro. Y garduña es por cierto el nombre castelano de un mustélido, una especie de marta, temida en tiempos por su peligro para los corrales de gallinas. En catalán además, un gardunya es, por extensión, creo, un ladronzuelo, y también llamaban o llaman en catalán gardunya a la cárcel, como lo refleja el hecho de que en Barcelona se levantase la vieja prisión donde ahora está la Plaza de la Gardunya, cerca del mercado de la Boquería.
Esto de la Gardunya de la Ciutat Vella, es un dato más que ha abonado la teoría, no poco discutible, del origen remoto español o incluso catalán de la Ndrangheta, cuyos miembros, es cierto, aún en nuestros días se incorporan a la organización pronunciando las palabras de rigor, llenas de evocaciones religiosas e hispanas: “caliz de plaza, ostia consagrada, palabra de omertá y formada la sociedad…en en nombre de nuestros viejos antepasados, Osso Mastrosso y Carcagnoso, los tres caballeros españoles…”
¿Quien saldrá ganador de esta lucha de titanes entre la nueva Iglesia del valeroso Papa Francisco y la Ndrangheta calabresa? Difícil decirlo. Y ya lo siento.

joludi:

Ndrangheta

Es fascinante el enfrentamiento que se está viviendo estos días (ya era hora) entre el Vaticano y la Ndrangheta (nombre de origen griego, como el que todavía hoy se habla en la costa calabresa, y que significa, irónicamente, “bonhomía”). 

Es muy difícil anticipar el resultado final: ora la procesión se detiene ante la casa del capo, ora Roma prohibe las procesiones en la localidad rebelde…

Porque lo curioso es que la Ndrangheta es precisamente una organización criminal profundamente vinculada a la religión. Y ahí radica el problema.

Hay religión en sus ritos iniciáticos, a los que los maleantes llaman “bautismo”, hay religión en su identidad colectiva,  hay religión en su lenguaje, hay religión en sus presuntos valores, hay religión en sus lugares sagrados (los capos de la Ndrangheta se reúnen anualmente en el Santuario de Nuestra Señora de Polsi). 

Incluso el origen legendario de la Ndrangheta se quiere remontar a la Garduña española, la hermandad de delincuentes que conocemos muy bien por Cervantes y su Rinconete y Cortadillo: la organización de Monipodio y Caliharta, que surgió en el Toledo eclesial de principios del XV, donde incluso actuaría inicialmente como brazo irregular de la Inquisición para combatir herejes y judíos (Toledo era el lugar ideal para que ejerciese esa siniestra función).

Esa semi-religiosa Garduña española, verdadera hermandad sagrada de maleantes, inspiradora probada de toda la literatura universal sobre el Imperio del Crimen, desde el Moriarty de Conan Doyle al Doctor Mabuse de Fritz Lang, y precedente de la otra hermandad policial pero simétrica a la que para clarificar se llamaría después Santa Hermandad, sería el modelo inspirador de las tres ramas de la mala vida en Italia, todas ellas desarrolladas en territorios que fueron largo tiempo aragoneses o españoles: la Mafia en Sicilia, la Camorra en Napoles y la Ndrangheta en Calabria.

La Garduña hispana está en el origen de la Mala Vita, casi seguro. Y garduña es por cierto el nombre castelano de un mustélido, una especie de marta, temida en tiempos por su peligro para los corrales de gallinas. En catalán además, un gardunya es, por extensión, creo, un ladronzuelo, y también llamaban o llaman en catalán gardunya a la cárcel, como lo refleja el hecho de que en Barcelona se levantase la vieja prisión donde ahora está la Plaza de la Gardunya, cerca del mercado de la Boquería.

Esto de la Gardunya de la Ciutat Vella, es un dato más que ha abonado la teoría, no poco discutible, del origen remoto español o incluso catalán de la Ndrangheta, cuyos miembros, es cierto, aún en nuestros días se incorporan a la organización pronunciando las palabras de rigor, llenas de evocaciones religiosas e hispanas: “caliz de plaza, ostia consagrada, palabra de omertá y formada la sociedad…en en nombre de nuestros viejos antepasados, Osso Mastrosso y Carcagnoso, los tres caballeros españoles…

¿Quien saldrá ganador de esta lucha de titanes entre la nueva Iglesia del valeroso Papa Francisco y la Ndrangheta calabresa? Difícil decirlo. Y ya lo siento.

joludi:

Milagros.
Me pregunta Marta si yo creo en los milagros. ¡Pues claro que sí!,  le contesto. Cómo no creer en los milagros cuando se conocen los maravillosos prodigios que obra la Ley de los Grandes Números, que a su vez es el fundamento de la llamada Teoría de las Coincidencias.
La Teoría de las Coincidencias, que establece un escenario perfectamente racional para esas coincidencias que tendemos a calificar como milagrosas, fue propuesta por los matemáticos Persi Diaconis y Frederick Mosteller. Se basa en dos ideas clave: 1) aquello que solo puede ocurrir con una probabilidad de uno entre un millón, acabará ocurriendo, por mucho que nos sorprenda cuando ocurra y 2) los seres humanos tendemos a sobreestimar notablemente la improbabilidad de los acontecimientos, cuando la probabilidad de que ocurran es realmente pequeña. Sobre estos dos principios, se establece que cuando un enorme número de eventos y de gente interaccionan a lo largo de un período de tiempo suficientemente extenso, incluso los hechos más impensables acaban teniendo lugar.
El admirable Freeman Dyson, ha llamado a este efecto la “Ley de Littlewood de los Milagros”. Si asumimos que que un milagro es cualquier evento que tiene especial significación cuando ocurre con una frecuencia de uno entre un millón, podemos calcular la probabilidad de que ocurra dicho milagro: multipliquemos las ocho horas del día durante las que estamos despiertos por el número total de eventos que por término medio nos ocurren, que son unos 30 mil por día, o un millón por mes. Ahora si, saltamos del nivel individual al social, cada día ocurrirán en torno a 60 hechos milagrosos en España, y unos 7.000 en el mundo. 
Un milagro entonces, simple aritmética, es algo que ocurre miles de veces en el mundo. Tal vez no nos enteramos, pero es así. Y ahora, con el boom de la interrelación entre las personas, las redes sociales y todo eso, acabaremos por enterarnos cada vez más, ya se verá.
Así que creo en los milagros en la misma medida que creo en las matemáticas. Y para probarlo, anteayer me compré un maravilloso libro que está lleno de ilustraciones del siglo XVI como la que reproduzco. Es el facsimil del fastuoso Das Wunderzdeichenbuch, el Libro de los Milagros, una obra maestra del arte editorial, publicada en Augsburgo en 1532. Soy feliz con él en mi biblioteca. Milagrosamente feliz.

joludi:

Milagros.

Me pregunta Marta si yo creo en los milagros. ¡Pues claro que sí!,  le contesto. Cómo no creer en los milagros cuando se conocen los maravillosos prodigios que obra la Ley de los Grandes Números, que a su vez es el fundamento de la llamada Teoría de las Coincidencias.

La Teoría de las Coincidencias, que establece un escenario perfectamente racional para esas coincidencias que tendemos a calificar como milagrosas, fue propuesta por los matemáticos Persi Diaconis y Frederick Mosteller. Se basa en dos ideas clave: 1) aquello que solo puede ocurrir con una probabilidad de uno entre un millón, acabará ocurriendo, por mucho que nos sorprenda cuando ocurra y 2) los seres humanos tendemos a sobreestimar notablemente la improbabilidad de los acontecimientos, cuando la probabilidad de que ocurran es realmente pequeña. Sobre estos dos principios, se establece que cuando un enorme número de eventos y de gente interaccionan a lo largo de un período de tiempo suficientemente extenso, incluso los hechos más impensables acaban teniendo lugar.

El admirable Freeman Dyson, ha llamado a este efecto la “Ley de Littlewood de los Milagros”. Si asumimos que que un milagro es cualquier evento que tiene especial significación cuando ocurre con una frecuencia de uno entre un millón, podemos calcular la probabilidad de que ocurra dicho milagro: multipliquemos las ocho horas del día durante las que estamos despiertos por el número total de eventos que por término medio nos ocurren, que son unos 30 mil por día, o un millón por mes. Ahora si, saltamos del nivel individual al social, cada día ocurrirán en torno a 60 hechos milagrosos en España, y unos 7.000 en el mundo. 

Un milagro entonces, simple aritmética, es algo que ocurre miles de veces en el mundo. Tal vez no nos enteramos, pero es así. Y ahora, con el boom de la interrelación entre las personas, las redes sociales y todo eso, acabaremos por enterarnos cada vez más, ya se verá.

Así que creo en los milagros en la misma medida que creo en las matemáticas. Y para probarlo, anteayer me compré un maravilloso libro que está lleno de ilustraciones del siglo XVI como la que reproduzco. Es el facsimil del fastuoso Das Wunderzdeichenbuch, el Libro de los Milagros, una obra maestra del arte editorial, publicada en Augsburgo en 1532. Soy feliz con él en mi biblioteca. Milagrosamente feliz.

joludi:

Gotham

Al hilo de mi post sobre el origen del nombre de Gowex, alguien me ha llamado la atención sobre el no menos curioso nombre de la empresa que ha puesto en evidencia a estos estafadores del Go West, Go Wifi, Gowex. En efecto, suena raro que una firma se autodenomine Gotham Research. Pero tiene su lógica. La idea de Gotham Research es justamente poner en evidencia a las empresas golfas, a las firmas que utilizan auditorías falsas, a las compañías especializadas en recurrir a los trucos chapuceros de la mal llamada ingeniería financiera. 
Gotham Research evoca la ciudad corrupta, decadente, oscura y tristemente gótica del mundo de DC Comics, la contrafigura de la luminosa metrópolis de Clark Kent. ¿Y por qué pone en evidencia Gotham Research a los golfos de la contabilidad creativa? ¿Afán justiciero? ¿Profundo sentido ético? Nop. El asunto es poner en evidencia esas empresas justo después de haberse puesto en corto con ellas, es decir, justo después de haber apostado en la Bolsa a que no tardarían en hundirse. Self fulfilling prophecy, porque al desvelar en el momento apropiado su concienzuda investigación, los de Gotham Research derrumban a la empresa en cuestión y recogen seguidamente los réditos bursátiles. Así es el mundo de las finanzas. Así es la gran Gotham City del los mercados financieros.

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Al hilo de mi post sobre el origen del nombre de Gowex, alguien me ha llamado la atención sobre el no menos curioso nombre de la empresa que ha puesto en evidencia a estos estafadores del Go West, Go Wifi, Gowex. En efecto, suena raro que una firma se autodenomine Gotham Research. Pero tiene su lógica. La idea de Gotham Research es justamente poner en evidencia a las empresas golfas, a las firmas que utilizan auditorías falsas, a las compañías especializadas en recurrir a los trucos chapuceros de la mal llamada ingeniería financiera.

Gotham Research evoca la ciudad corrupta, decadente, oscura y tristemente gótica del mundo de DC Comics, la contrafigura de la luminosa metrópolis de Clark Kent. ¿Y por qué pone en evidencia Gotham Research a los golfos de la contabilidad creativa? ¿Afán justiciero? ¿Profundo sentido ético? Nop. El asunto es poner en evidencia esas empresas justo después de haberse puesto en corto con ellas, es decir, justo después de haber apostado en la Bolsa a que no tardarían en hundirse. Self fulfilling prophecy, porque al desvelar en el momento apropiado su concienzuda investigación, los de Gotham Research derrumban a la empresa en cuestión y recogen seguidamente los réditos bursátiles. Así es el mundo de las finanzas. Así es la gran Gotham City del los mercados financieros.

micro-cibermitanios:

Movimientos rectilíneos

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