El blog de Joseph Webley-Fosbery

Sep 16

El hijo de una compañera abogada me contó, no hace mucho, que uno de sus más persistentes recuerdos de infancia era el de dormirse escuchando el sonido lejano de la máquina de escribir de su madre y despertarse, al día siguiente, oyendo como la máquina seguía sonando.

La imagen me pareció extremadamente tierna y que describía perfectamente el tremendo esfuerzo de esas abogadas madres por sacar adelante a sus hijos y su trabajo, dando a cada tarea el tiempo necesario y quitándoselo a ellas mismas.

Esta noche, que muchas abogadas concluyen sus recursos tras acostar a sus hijos, me ha venido esa imagen a la memoria y he pensado que es verdad, que cuando los niños duermen aún sacan el coraje las superabogadas.

Va por vosotras compañeras, sois lo mejor.

El hijo de una compañera abogada me contó, no hace mucho, que uno de sus más persistentes recuerdos de infancia era el de dormirse escuchando el sonido lejano de la máquina de escribir de su madre y despertarse, al día siguiente, oyendo como la máquina seguía sonando.

La imagen me pareció extremadamente tierna y que describía perfectamente el tremendo esfuerzo de esas abogadas madres por sacar adelante a sus hijos y su trabajo, dando a cada tarea el tiempo necesario y quitándoselo a ellas mismas.

Esta noche, que muchas abogadas concluyen sus recursos tras acostar a sus hijos, me ha venido esa imagen a la memoria y he pensado que es verdad, que cuando los niños duermen aún sacan el coraje las superabogadas.

Va por vosotras compañeras, sois lo mejor.

Sep 15

“Cuando Churchill dijo que “Nunca tantos debieron tanto a tan pocos” profetizaba lo que les pasaría a los españoles con los bancos en 2014” — Se me ha ocurrido mirando un aviso del banco

Sep 14

joludi:

Ubicumque amici sunt.
Me preguntan ayer, mientras almorzamos, en qué lugar del mundo me gustaría vivir. Respondo con una frase al estilo de Ciceron: allí donde vivan mis amigos. Ubicumque amici sunt…
Puedes ser feliz prácticamente en cualquier lugar del globo, si tienes seres queridos cerca. Da lo mismo que sea Logroño, Bangalore, Nairobi o San Petersburgo. O un exoplaneta.
Lo importante no es el lugar del mundo en el que te encuentras tú, sino como se encuentra el mundo dentro de tí. 
Y eso, en buena medida, depende de quienes estén a tu lado. Ubicumque amici sunt.

joludi:

Ubicumque amici sunt.

Me preguntan ayer, mientras almorzamos, en qué lugar del mundo me gustaría vivir. Respondo con una frase al estilo de Ciceron: allí donde vivan mis amigos. Ubicumque amici sunt…

Puedes ser feliz prácticamente en cualquier lugar del globo, si tienes seres queridos cerca. Da lo mismo que sea Logroño, Bangalore, Nairobi o San Petersburgo. O un exoplaneta.

Lo importante no es el lugar del mundo en el que te encuentras tú, sino como se encuentra el mundo dentro de tí.

Y eso, en buena medida, depende de quienes estén a tu lado. Ubicumque amici sunt.

(vía jmyuste)

joludi:

Polvo, tiempo, sueños y agonías.
Veo que en la portada de La Vanguardia hoy hablan de ajedrez. En titulares. Y eso, solo eso, me impulsa a leer. 
Compruebo decepcionado que el periodista se limita a comparar la situación política catalana con una peliaguda partida de ajedrez. ¡Acabáramos!
Curiosamente, también, en el interior, uno de los articulistas menciona, al hilo del proceso soberanista, un cuento sobre dos reyes que juegan al ajedrez mientras, sin que ellos lo sepan, sus ejércitos se enfrentan en sangrienta batalla. 
Los monarcas de ese cuento se enfrascan en su partida, sin tener conciencia de que el tablero sobre el que mueven las piezas y el campo de batalla en el que se desangran sus soldados son solo dos expresiones de un mismo destino inexorable y están misteriosamente conectadas la una con la otra. 
El periodista dice que esto es un cuento escocés, y se lo atribuye a un gran poeta nacional de Escocia, Edwin Morgan.
En realidad, no es así. No creo que el periodista conozca mucho al oscuro Morgan. O quizá sí, dada la actualidad de todo lo escocés. Pero, sin duda, el autor del artículo ha tenido la gran suerte de poder leer a Borges en su idioma original (quizá aprovechando que se cumple ahora su centenario). Y, ciertamente Borges cita esta historia de los dos reyes ajedrecistas en su obrita de 1955, a medias con Bioy, titulada  “Cuentos Breves y Extraordinarios”. Allí, Borges menciona como fuente de la historia una obra de Edwin Morgan (The Week-End Companion to Wales and Cornwall. Chester, 1929).
Pero esto es una broma típica del genio argentino. Nunca escribió el poeta Morgan nada que se parezca a The Week-End Companion, título más propio de una folleto de agencia de viajes que de un libro de poemas o cuentos, lo cual ya debería hacer sospechar al, presumo, sagaz periodista. Por añadidura, Edwin Morgan tenía solo 9 tiernos añitos en 1929, año que Borges menciona, para seguir con la broma, como fecha de publicación de la fementida obra del vate escocés.
Lo único que tenemos de cierto en todo esto es la vinculación de la historia de la partida entre prebostes, entendida como sombra platónica o eco ideal de una conflagración real, al folklore céltico. Pero no al escocés, lo siento mucho, sino al galés. 
Porque el cuento de los dos personajes poderosos absortos en el tablero mientras sus respectivos ejércitos combaten sin que ellos lo sepan, es una de las historias que forman parte del Mabinogion, recopilación de historias del folklore galés publicada por Lady Charlotte Guest en el siglo XIX. Es una narración que nos habla de una mítica partida entre el Rey Arturo y el príncipe Owain. 
Pero, ay, tampoco podemos decir que se trate de una partida de ajedrez, pues es bien sabido que dicho juego, aunque el recopilador de la historia lo ignorase, no llega realmente a Europa hasta muchos siglos más tarde de los tiempos artúricos, y a través de la expansión del Islam. Mas bien sería una partida del impronunciable juego galés de tablero, parecido a las damas, llamado gwyddbwyll. Lo que ocurre es que esta misma divertida palabra es la que se usa actualmente en lengua gaélica para referirse al juego-ciencia. Pero esto es cosa distinta.
La obra de Borges está plena de referencias al ajedrez. Esta que nos ocupa, sacada del Mabinogion o Mabnogion, y que al periodista de la Vanguardia le ha dado pie para su crónica política, es  solo una más entre muchas. 
Porque a Borges el ajedrez le fascinaba tanto como los espejos, los laberintos y los infinitos. 
Quizá porque en el fascinante juego intelectual que es el ajedrez, Borges no veía sino el  enigmático espejo de un mundo laberíntico e infinito.
Un mundo en el que tú y yo somos jugadores, y al mismo tiempo piezas. Trebejos que otro jugador más poderoso mueve sin que nosotros lo sepamos. 
Y quizá, piensa Borges, ese otro jugador, a su vez, es también juego en manos de otro jugador, y así sucesivamente. 
Este pensamiento, en el que resuena el saber gnóstico ancestral, está expresado genialmente en los dos sonetos que Borges dedicó al ajedrez, y que terminan con los versos admirables: 
 “Dios mueve al jugador y este la pieza /¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza de polvo y tiempo y sueño y agonías?”

joludi:

Polvo, tiempo, sueños y agonías.

Veo que en la portada de La Vanguardia hoy hablan de ajedrez. En titulares. Y eso, solo eso, me impulsa a leer.

Compruebo decepcionado que el periodista se limita a comparar la situación política catalana con una peliaguda partida de ajedrez. ¡Acabáramos!

Curiosamente, también, en el interior, uno de los articulistas menciona, al hilo del proceso soberanista, un cuento sobre dos reyes que juegan al ajedrez mientras, sin que ellos lo sepan, sus ejércitos se enfrentan en sangrienta batalla. 

Los monarcas de ese cuento se enfrascan en su partida, sin tener conciencia de que el tablero sobre el que mueven las piezas y el campo de batalla en el que se desangran sus soldados son solo dos expresiones de un mismo destino inexorable y están misteriosamente conectadas la una con la otra. 

El periodista dice que esto es un cuento escocés, y se lo atribuye a un gran poeta nacional de Escocia, Edwin Morgan.

En realidad, no es así. No creo que el periodista conozca mucho al oscuro Morgan. O quizá sí, dada la actualidad de todo lo escocés. Pero, sin duda, el autor del artículo ha tenido la gran suerte de poder leer a Borges en su idioma original (quizá aprovechando que se cumple ahora su centenario). Y, ciertamente Borges cita esta historia de los dos reyes ajedrecistas en su obrita de 1955, a medias con Bioy, titulada  “Cuentos Breves y Extraordinarios”. Allí, Borges menciona como fuente de la historia una obra de Edwin Morgan (The Week-End Companion to Wales and Cornwall. Chester, 1929).

Pero esto es una broma típica del genio argentino. Nunca escribió el poeta Morgan nada que se parezca a The Week-End Companion, título más propio de una folleto de agencia de viajes que de un libro de poemas o cuentos, lo cual ya debería hacer sospechar al, presumo, sagaz periodista. Por añadidura, Edwin Morgan tenía solo 9 tiernos añitos en 1929, año que Borges menciona, para seguir con la broma, como fecha de publicación de la fementida obra del vate escocés.

Lo único que tenemos de cierto en todo esto es la vinculación de la historia de la partida entre prebostes, entendida como sombra platónica o eco ideal de una conflagración real, al folklore céltico. Pero no al escocés, lo siento mucho, sino al galés. 

Porque el cuento de los dos personajes poderosos absortos en el tablero mientras sus respectivos ejércitos combaten sin que ellos lo sepan, es una de las historias que forman parte del Mabinogion, recopilación de historias del folklore galés publicada por Lady Charlotte Guest en el siglo XIX. Es una narración que nos habla de una mítica partida entre el Rey Arturo y el príncipe Owain. 

Pero, ay, tampoco podemos decir que se trate de una partida de ajedrez, pues es bien sabido que dicho juego, aunque el recopilador de la historia lo ignorase, no llega realmente a Europa hasta muchos siglos más tarde de los tiempos artúricos, y a través de la expansión del Islam. Mas bien sería una partida del impronunciable juego galés de tablero, parecido a las damas, llamado gwyddbwyll. Lo que ocurre es que esta misma divertida palabra es la que se usa actualmente en lengua gaélica para referirse al juego-ciencia. Pero esto es cosa distinta.

La obra de Borges está plena de referencias al ajedrez. Esta que nos ocupa, sacada del Mabinogion o Mabnogion, y que al periodista de la Vanguardia le ha dado pie para su crónica política, es  solo una más entre muchas.

Porque a Borges el ajedrez le fascinaba tanto como los espejos, los laberintos y los infinitos. 

Quizá porque en el fascinante juego intelectual que es el ajedrez, Borges no veía sino el  enigmático espejo de un mundo laberíntico e infinito.

Un mundo en el que tú y yo somos jugadores, y al mismo tiempo piezas. Trebejos que otro jugador más poderoso mueve sin que nosotros lo sepamos.

Y quizá, piensa Borges, ese otro jugador, a su vez, es también juego en manos de otro jugador, y así sucesivamente.

Este pensamiento, en el que resuena el saber gnóstico ancestral, está expresado genialmente en los dos sonetos que Borges dedicó al ajedrez, y que terminan con los versos admirables: 

 “Dios mueve al jugador y este la pieza /¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza de polvo y tiempo y sueño y agonías?”

Sep 10

[video]

“The audience appeared to serve little purpose other than as a background image for the cameras” — @PrivacySurgeon sobre el evento de Google. Vía @NTAbogados

Sep 07

…Me muero, Josefa… Muy seguramente el Rey me otorgará el título nobiliario que le he pedido…Pero no te olvides de cobrar mis sueldos…Mira, cómprate un billete de lotería de ésas cuyos números salen marcados en las ranas y los peces…

No ha venido nadie ¿No es cierto?

Entiérrame con mi crucifijo de plata, que él me hará compañía… Ah, y con mis patas de palo… Dile a mis hijos que morí como un buen vasco, armado y defendiendo la integridad de España y del Imperio… Gracias por todo lo que me has dado, mujer…. Ah pero te ruego que no me traigas plañideras a que giman y den alaridos sobre mi cadáver…; no lo podría soportar….

¡Fuego!, ¡Fuego…!”

” — Últimas palabras de Blas de Lezo y Olavarrieta según el texto de Pablo Victoria.

-Yo no puedo hacer nada, sólo cumplo órdenes: me mandaron a deciros que estáis desahuciados

-¿Quiere decir que me echan de mi tierra?

-No hay por qué enfadarse conmigo, yo no tengo la culpa.

-¿Y quién la tiene?

-Ya sabes que el dueño de la tierra es la compañía Shawnee Land

-¿Y quien es la compañía Shawnee Land?

-No es nadie, es una compañía.

-Pero tienen a un presidente… Tendrán a alguien que sepa para qué sirve un rifle ¿verdad?

-Pero hijo, ellos no tienen la culpa, el banco les dice lo que tienen que hacer…

-Muy bien ¿dónde está el banco?

-En Tulsa pero no vas a resolver nada, allí sólo está el apoderado, y el pobre sólo trata de cumplir las órdenes de Nueva York.

-¿Entonces a quién matamos?

-La verdad, no lo sé. Si lo supiera te lo diría, yo no sé quién es el culpable.

” — Las uvas de la ira (John Steinbeck)

“Hormigones armados hasta los dientes” — Gonzalo Escarpa

“Con esta crisis ya todos hemos aprendido que los beneficios de los bancos son de ellos y sus pérdidas son de nosotros. Liberales para ganar, colectivistas para perder.”

Sep 06

Nuestro miedo más profundo no es que seamos inadecuados.

Es nuestra luz, no la oscuridad lo que más nos asusta.

Nos preguntamos: ¿quién soy yo para ser brillante, precioso, talentoso y fabuloso?

En realidad, ¿quién eres tú para no serlo?

Eres hijo del universo.

El hecho de jugar a ser pequeño no sirve al mundo.

No hay nada iluminador en encogerte para que otras personas cerca de ti no se sientan inseguras.

Nacemos para hacer manifiesto la gloria del universo que está dentro de nosotros.

No solamente algunos de nosotros: Está dentro de todos y cada uno.

Y mientras dejamos lucir nuestra propia luz, inconscientemente damos permiso a otras personas para hacer lo mismo.

Y al liberarnos de nuestro miedo, nuestra presencia automáticamente libera a los demás.”

” — Nelson Mandela

Sep 05

joludi:

El Salto del Masai.

Comprendo que es provocador decir esto pero, en cierto modo, la agricultura ha sido el mayor error cometido por nuestra especie (entre los muchos que hemos cometido).
El paso del modo de vida del recolector o ganadero nómada al de agricultor sedentario, implicó el surgimiento de algunas cosas que con el tiempo parece que han producido “efectos secundarios” poco deseables.
El advenimiento de la agricultura obligó a los hombres a crear fortificaciones, a prepararse para la guerra, a diseñar armamento, a levantar graneros para neutralizar la estacionalidad de las cosechas, y a elegir (o aceptar su autoeleccion)  jefes y sacerdotes tanto para administrar el grano y las armas como para organizar la defensa y garantizar el orden social en los nuevos núcleos urbanos superpoblados. así como para gestionar la exacción de tasas e impuestos.
Con la agricultura, se hizo muy conveniente (y muy posible) incrementar la natalidad, pues cuantos más brazos hubiese en cada familia, mucho mejor. Esto implicó el paso a una situación subsidiaria de la mujer, que antes acompañaba al nómada casi en plano de igualdad y se abstenía, por pura imposibildad física, de parir una y otra vez, y que ahora, en el mundo agrícola, se ve reducida a una mera gestora del hogar y criadora de vástagos.
Así que a la agricultura le debemos la miseria y tristeza de la vida urbana, la acumulación de riqueza en manos de unos pocos, el proletariado, el paro, la guerra organizada, los ejércitos, los políticos, la tributación y las religiones institucionalizadas, la sumisión femenina…Hasta la diabetes y la obesidad, si me apuras, habida cuenta de que los agricultores focalizan su producción en productos ricos en carbohidratos, frente a la combinación de plantas, bayas, frutos y carne de los recolectores y ganaderos (se cuenta que a un bosquimano le preguntaron un día por qué no plantaba alguna cosa y su contestación fue "¿por qué habría de hacerlo, habiendo tantas nueces mongongo en el mundo?”)
Bueno, tal vez sea una exageración. Pero esta hipótesis (que han enunciado y teorizado destacadas figuras de la antropología, como por ejemplo Jared Diamond) me ha venido a la cabeza a menudo estos días viendo a los Masais, que parecen siempre tan campanudos y autosuficientes.
Los masais, en su mayoría, siguen siendo estrictamente ganaderos, como sus antepasados de hace milenios. Acumulan y mantienen muchas cabras y vacas por persona, lo que les convierte en técnicamente muy ricos. Cuando les hace falta mandar a un joven del pueblo, que despunta por su buena cabeza, a la universidad de Nairobi o Dar Es Salam, o sufragar un tratamiento caro en un hospital de la ciudad, se limitan a vender unas cuantas vacas o cabras, y ya está.
Se niegan a cultivar nada y, tal vez coherentemente, a crear instituciones políticas propias o a integrarse en las del Estado. Les trae completamente al fresco lo que se cueza allá en la capital, lejos de sus tierras, en las que apenas nadie les molesta. Que nadie ose ofrecerles infraestructuras. No las necesitan para nada.
No tienen alcaldes en sus bomas o, si los tienen son meramente figuras decorativas, correspondiendo más bien a los ancianos el ejercicio de una mínima dosis de autoridad. 
Se diría, en fin, que no necesitan nada de nosotros, estos condenados masais. Tienen un sorprendente nivel de salud y un poderoso sistema inmunológico, pese a su extraña dieta a base tan solo de sangre de vaca (extraída sin matar al animal) y leche fresca. Y, sobre todo, parecen felices, muy felices, siempre apoyados en su bastón, viendo desde lejos cómo nos complicamos la vida. Quizá por eso su diversión favorita es dar saltitos. Saltitos de felicidad.
 

joludi:

El Salto del Masai.

Comprendo que es provocador decir esto pero, en cierto modo, la agricultura ha sido el mayor error cometido por nuestra especie (entre los muchos que hemos cometido).

El paso del modo de vida del recolector o ganadero nómada al de agricultor sedentario, implicó el surgimiento de algunas cosas que con el tiempo parece que han producido “efectos secundarios” poco deseables.

El advenimiento de la agricultura obligó a los hombres a crear fortificaciones, a prepararse para la guerra, a diseñar armamento, a levantar graneros para neutralizar la estacionalidad de las cosechas, y a elegir (o aceptar su autoeleccion)  jefes y sacerdotes tanto para administrar el grano y las armas como para organizar la defensa y garantizar el orden social en los nuevos núcleos urbanos superpoblados. así como para gestionar la exacción de tasas e impuestos.

Con la agricultura, se hizo muy conveniente (y muy posible) incrementar la natalidad, pues cuantos más brazos hubiese en cada familia, mucho mejor. Esto implicó el paso a una situación subsidiaria de la mujer, que antes acompañaba al nómada casi en plano de igualdad y se abstenía, por pura imposibildad física, de parir una y otra vez, y que ahora, en el mundo agrícola, se ve reducida a una mera gestora del hogar y criadora de vástagos.

Así que a la agricultura le debemos la miseria y tristeza de la vida urbana, la acumulación de riqueza en manos de unos pocos, el proletariado, el paro, la guerra organizada, los ejércitos, los políticos, la tributación y las religiones institucionalizadas, la sumisión femenina…Hasta la diabetes y la obesidad, si me apuras, habida cuenta de que los agricultores focalizan su producción en productos ricos en carbohidratos, frente a la combinación de plantas, bayas, frutos y carne de los recolectores y ganaderos (se cuenta que a un bosquimano le preguntaron un día por qué no plantaba alguna cosa y su contestación fue "¿por qué habría de hacerlo, habiendo tantas nueces mongongo en el mundo?”)

Bueno, tal vez sea una exageración. Pero esta hipótesis (que han enunciado y teorizado destacadas figuras de la antropología, como por ejemplo Jared Diamond) me ha venido a la cabeza a menudo estos días viendo a los Masais, que parecen siempre tan campanudos y autosuficientes.

Los masais, en su mayoría, siguen siendo estrictamente ganaderos, como sus antepasados de hace milenios. Acumulan y mantienen muchas cabras y vacas por persona, lo que les convierte en técnicamente muy ricos. Cuando les hace falta mandar a un joven del pueblo, que despunta por su buena cabeza, a la universidad de Nairobi o Dar Es Salam, o sufragar un tratamiento caro en un hospital de la ciudad, se limitan a vender unas cuantas vacas o cabras, y ya está.

Se niegan a cultivar nada y, tal vez coherentemente, a crear instituciones políticas propias o a integrarse en las del Estado. Les trae completamente al fresco lo que se cueza allá en la capital, lejos de sus tierras, en las que apenas nadie les molesta. Que nadie ose ofrecerles infraestructuras. No las necesitan para nada.

No tienen alcaldes en sus bomas o, si los tienen son meramente figuras decorativas, correspondiendo más bien a los ancianos el ejercicio de una mínima dosis de autoridad. 

Se diría, en fin, que no necesitan nada de nosotros, estos condenados masais. Tienen un sorprendente nivel de salud y un poderoso sistema inmunológico, pese a su extraña dieta a base tan solo de sangre de vaca (extraída sin matar al animal) y leche fresca. Y, sobre todo, parecen felices, muy felices, siempre apoyados en su bastón, viendo desde lejos cómo nos complicamos la vida. Quizá por eso su diversión favorita es dar saltitos. Saltitos de felicidad.

 

Sep 04

“Aquellos que pueden hacerte creer absurdos pueden hacerte cometer atrocidades” — Voltaire

Sep 01

josemuelas:

Las ruedas de reconocimiento, nuestro despacho y “El Mundo”

A la periodista de “El Mundo” le interesó un antiguo post de nuestro despacho sobre las ruedas de reconocimiento…

josemuelas:

Las ruedas de reconocimiento, nuestro despacho y “El Mundo”

A la periodista de “El Mundo” le interesó un antiguo post de nuestro despacho sobre las ruedas de reconocimiento…

“En los años 60 ya teníamos Internet. Yo crecí con eso. Éramos una pequeña comunidad y vimos hace tiempo el equivalente del iPhone. Ahora, el mundo, poco a poco, está recibiendo esos cambios. Pero no sé qué hacen con ellos. Los ordenadores tienen más memoria, pero la memoria está llena de nada.” — Marvin Minsky