La Risa
Está muy divulgado ese tonto cliché según el cual la risa de los chimpancés no es verdadera risa, sino solo expresión de miedo.
Naturalmente, eso no puede ser verdad. Esas criaturas son demasiado parecidas a nosotros. Y nuestra risa es todo lo contrario del miedo. Allí donde hay miedo no hay risa. Y viceversa. La religión, por ejemplo, que, mal entendida, fundamenta buena parte de su sentido en el puro miedo, proscribe la risa. En el Antiguo Testamento, no hay más que una escena de risa, protagonizada por Abraham. Solo una. Y en el Nuevo Testamento, no hay ninguna risa en absoluto. Nadie se ríe en esas páginas. Tertuliano o Juan Crisóstomo, que son los autores, en buena medida, y junto con el severísimo Pablo o el torturado Agustín, de la extraña forma de cristianismo oficial que se ha impuesto a lo largo de los siglos, condenaban toda forma de risa. El carnaval y otras fiestas jocosas de las gentes sencillas, se abrieron camino tan solo como necesaria válvula de escape ante tanta represión implacable de la risa.
La risa nos hace más humanos (y quizá también más simios). Y quien pretenda deshumanizarnos o desnaturalizarnos intentará empezar por quitarnos esa risa que seguramente ya practicaban nuestros ancestros, cuando saltaban en los bosques de ribera africanos, de árbol en árbol, a ritmo de carcajada.
Así que me he alegrado al conocer una investigación de la Dra. Marina Davila-Ross, de la Universidad de Portsmouth. Es un estudio que viene a confirmar mis convicciones. Su conclusión es que la carcajada del chimpancé tiene las mismas maravillosas funciones que la nuestra, a saber, establecer lazos, fijar complicidades, integrar al individuo en un grupo con el que compartir seguridad y códigos de comunicación.
La risa nos hace libres. Pero libres en un grupo social querido, que es la más hermosa de las libertades.
Y si tienes alguna duda sobre esta vinculación entre la risa y la socialización, tan solo piensa una cosa que es obvia pero a la vez sorprendente: solo nos reímos ante hechos o situaciones que son intrínsecamente humanas o relacionadas con el universo del hombre. Nadie se ríe ante un paisaje.
La Hoja de Cálculo
El fundamento teórico de las políticas de austeridad se encuentra, en buena medida, en la teoría del ratio Deuda/Producto Nacional Bruto. Los economistas han llegado a considerar un dogma que si tenemos Deuda Pública muy alta en proporción a nuestro Producto Nacional Bruto, vamos fatalmente hacia la recesión, a no ser que nos pongamos como locos a hacer recortes (en España ese ratio va camino de superar el valor de 1, pero también ocurre algo parecido en USA y allí no parece importar tanto).
Esta teoría inspiradora de la dichosa austeridad, fue formulada principalmente por dos popes de Harvard, Reinhart y Rogoff. Y todos los economistas a sueldo del sistema que en el mundo hay, la han tomado como suya sin rechistar, para justificar la brutalidad del palo y tentetieso financiero en los países del sur de Europa.
Pero ahora se ha demostrado ¡sorpresa! que aquel modelo pro-austeridad de Reinhart y Rogoff se basaba en una hoja de cálculo, y que esa hoja de cálculo, mira por dónde, tenía un error de bulto…Sí, sí. Un error de bulto en la hoja excel.
Da vértigo pensar que una metedura de pata, un blunder tan descomunal en una maldita hoja de cálculo, haya podido derivar en tanta miseria y desesperación en millones de personas.
Pero es que eso no es verdad. Las justificaciones téoricas de la austeridad pueden ser las que sean. Sin embargo, el verdadero fundamento es de tipo moral. Los países del norte europeo, o mejor dicho, los electores de esos países, quieren penitencia para el sur, exigen sufrimiento, retroceso, penalidades, resarcimiento ante tanto desarrollo…El fundamento teórico de esta voracidad destructora y hegemonista es irrelevante.
¿Que la hoja de cálculo en la que nos basamos tiene un error? ¡Qué mas da! Haremos otra…Ya se sabe, los números, si los torturas adecuadamente, acaban diciendo justo lo que tú quieres que digan…Y esto es aún más sencillo si tienes una hoja de cálculo a mano.
Recuerdos
Imagina que a un condenado a muerte se le da la opción de tomar una pastilla que borrará definitivamente todas sus memorias. ¿Elegirá el condenado la pastilla o la ejecución? Seguramente lo primero.
Y sin embargo, quizá ambas cosas sean la misma cosa. Porque las dos opciones aniquilan la identidad. Ningún beneficio puede obtener el condenado a partir de la subsistencia de otro yo que ya será diferente al suyo.
Preferir la pastilla de la memoria equivaldría a consolarse sobre el cadalso con la mera constatación de que otros seres-distintos- viven y seguirán viviendo.
Es este un dilema fascinante que ayuda a comprender que, en realidad, no somos otra cosa que aquello que recordamos. El yo viene a ser, si acaso, una tela sutil tejida con los hilos de la memoria. Quiza por eso nos aterra descubrir que ya hemos olvidado una antigua experiencia, un lugar que recorrimos, el nombre de alguien que nos importó, un viejo amor…Olvidar es morir.
Resucitó Barrabás.
Curioso el contubernio del nuevo gobierno italiano. Pero esos contubernios soy muy de il bel paese. Son unos artistas del pacto in extremis entre enemigos. Lo han hecho muchas veces. Por citar solo algunas ocasiones de gran relevancia histórica, se puede mencionar que en 1944, Togliatti, recién llegado a Nápoles desde Moscú, cuando todavía los nazis ocupaban buena parte de Italia, aceptó, por puro pragmatismo (y quizá razón de Estado), apoyar el gobierno de Badoglio, quien no era menos odiado entonces por la izquierda que lo es ahora il Caimano y su bunga bunga.
Del mismo modo, en el 78, Berlinguer decidió dar la “fiduzia” a Andreotti, contra todo pronóstico y pese a estar al frente de una fuerza parlamentaria que bien podía haber derribado a cualquier gobierno.
Para el excéntrico Grillo, sin embargo, el resultado de estos últimos tres días de consultas ha sido como si se abriesen de para en par las puertas del Averno. Ni más ni menos. Y lo ha expresado con una alusión evangélica: “Esto es como si al tercer día, en lugar de resucitar Jesucristo, resucitase Barrabás”.
Ah, qué divertida metáfora. Pero lo que no sabe Grillo (creo) es que tiene mucho fundamento histórico. Para los expertos, Barrabás y Cristo eran la misma persona. Cuando Pilatos ofreció a los judíos la posibilidad de liberar a un preso, la multitud decidió que había que liberar a Jesús, nos dicen los historiadores. Y esa multitud gritó ante el prefecto romano: “¡el Hijo del Padre!”, ¡el Hijo del Padre!”…que era precisamente la denominación más apropiada para Jesús, pues él siempre se estaba refiriendo al “Padre”.
Pero ocurre que Hijo del Padre se dice en arameo “bar abbas” (ya sabemos, bar=hijo, abba=padre). Eso dio pie a la historiografía cristiana posterior, radicalmente antisemita, para convertir a “bar abbas”, un simple alias de Jesús, en el personaje ficticio Barrabás, es decir, una alternativa, malvada y criminal, al propio Jesús. De ese modo se consagraba perfectamente la perversión del pueblo judío, que incluso ante la tesitura de liberar a un preso, prefería elegir a un criminal antes que al Hijo de Dios.
Barabbas y Jesús serían pues, en rigor histórico, la misma persona. Se confunden ambos perfiles, si deshacemos esa mistificación elaborada por el odio secular al judío.
Y si tuviésemos alguna duda al respecto, bastaría mirar el nuevo gobierno italiano, desde luego.
Grillo ha estado lúcido. Barabbas ha resucitado. Sí.
La improvisación divina.
El malo de la nueva película de Iron Man es “el Mandarín”. Hacía tiempo que no ocurría esto. Otrora, los mandarines eran los malvados por antonomasia, como en Fumanchú; últimamente, no.
Quizá este retorno del hipervillano de ojos rasgados resulte algo esperable en estos tiempos en los que miramos a China con casi el mismo temor que los europeos miraban a los mongoles del siglo XIII (y no es casualidad que, según el comic de Marvel, el Mandarín sea precisamente un genio de la tecnología usada como arma hegemónica, que además desciende directamente de Gengis Khan…).
El imaginario colectivo de Occidente siempre pensó, aunque olvidó durante un tiempo, que un malo chino, era doblemente malo. El fabuloso Eça de Queiroz, en su relato El Mandarín, expone el vertiginoso dilema de alguien a quien se le ofrece la posibilidad de enriquecerse a cambio de decidir, de forma anónima e impune, tan solo haciendo sonar una pequeña campanilla,la muerte de un viejo hombre en un lugar remoto. Queiroz presenta a ese hombre que va morir, inmensamente rico y seguramente perverso, como un mandarín, para hacer así aún más endiablado ese dilema moral que atormentó a Maritain y que se ha convertido en un topos universal.
Un topos que está más de actualidad que nunca, por cierto, por el asunto de los drones. Apretar un botón (la campanilla de Eça) en una base militar de California reduce a cenizas, minutos después, una aldea afgana. Pero quien aprieta el botón no siente responsabilidad por lo que hace. No hay contacto físico, no hay sensación presencial. Es un simple botón más, como los mil y un botones que pulsamos cada día. Los neurocientíficos tienen bien estudiado esta enigmática disolución de la culpa cuando la tecnología nos envuelve con su fría capa protectora y convierte el mal en una abstracción irrelevante. He ahí un notable peligro para nuestro género.
El maravilloso cuentecito de Eça Queiroz termina con el arrepentimiento del hombre enriquecido que ha asesinado, en remoto, como quien lanza un drone, al mandarín.
“Me siento morir. Tengo hecho mi testamento. En él dejo mis millones al Demonio, le pertenece; que los reclame él, que él los reparta…Y a vosotros hombres, os lego, sin mas comentarios, estas palabras: “Sólo tiene buen sabor el pan que cada día ganan nuestras manos. ¡No matéis nunca al Mandarín!.
Aunque, todavía al expirar, es para mí un consuelo prodigioso esta idea: que de norte a sur, de oeste a oriente, desde la Gran Muralla de la Tartaria hasta las olas del Mar Amarillo, en todo el vasto imperio de China, ningún mandarín seguiría con vida, si tú pudieses suprimirlo y heredar sus millones tan fácilmente como yo; ¡tú, lector!, criatura producida por la improvisación divina, obra de mala arcilla, mi semejante y mi hermano.”
Cabezas huecas.
Todos somos cabezas huecas. Todos los del género humano, quiero decir. Nuestros cráneos presentan extrañas cavidades o senos. En las mejillas, en la nariz, en la frente…Ningún otro primate tiene estos extraños vacíos.
Ahora los paleontólogos interpretan esto como una señal de que somos animales originalmente acuáticos. Creen que esos senos o cavidades demuestran que cuando nuestros antepasados bajaron de los árboles, no fue para extenderse por las praderas, sino para crear un nuevo hábitat en las fértiles orillas de los ríos y los lagos. Los huecos de nuestro cráneo serían “boyas” que ayudarían a aquellos homínidos a mantener la cabeza a flote cuando vadeaban corrientes profundas. Esta familiaridad con las aguas, a su vez contribuiría a consolidar la posición erecta y a hacer de nosotros un mono sin pelo, un mono desnudo. Así lo sostienen científicos como Rhys Evans, siguiendo hipótesis ya expresadas hace medio siglo por Alister Hardy.
Todo lo que los humanos somos, pues, es el resultado de una cabeza bastante hueca. No hay por qué extrañarse de nada de lo que nos cuentan los periódicos…
127:
(Fuente: micro-cibermitanios)
Paul Krugman, elpais.com
En esta era de la información, los errores matemáticos pueden llevar al desastre. La Mars Orbiter de la NASA se estrelló porque los ingenieros olvidaron hacer la conversión a unidades del sistema métrico; el plan de la ballena de Londres de JPMorg…
A principios de 2010, dos economistas de Harvard, Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff, divulgaron un artículo, Growth in a time of debt (Crecimiento en una época de endeudamiento), que pretendía identificar un umbral crítico, un punto de inflexión, para la deuda pública. Una vez que la deuda supera el 90% del producto interior bruto, afirmaban, el crecimiento económico cae en picado.
(Fuente: micro-cibermitanios)
El Oro y sus Edades.
Miles de asesores financieros, en todo el mundo, han estado obsesivamente aconsejando a sus clientes que compren oro, en estos turbulentos tiempos. Es el valor más seguro y estable, decían a coro. Pero ahora, el precio del metal amarillo se ha derrumbado súbitamente, creando pérdidas inmensas en quienes habían optado por atesorar sus fortunas en la forma del vil metal. El malvado Paulson, el de los temibles Hedge Founds, por ejemplo, ha perdido de la noche a la mañana más de 1000 millones de dólares.
El valor del oro, como deberían saber esos asesores financieros, si supiesen algo de Historia, es la cosa menos estable que podemos imaginar. Y no está nada clara su capacidad de revalorización. El valor del oro en tiempos de Napoleón era exactamente el mismo que en vísperas de la Primera Guerra Mundial, un siglo después. Y a lo largo de ese siglo, las fluctuaciones fueron constantes. Se revalorizó mucho en 1820 y 1848. Luego, como consecuencia de los descubrimientos de minas en California, bajó continuamente, hasta llegar a sus valores mínimos en 1875. Entonces, inexplicablemente, se recuperó, pero solo hasta 1895, momento en el que empezó a caer.
Tras la Segunda Guerra Mundial, los acuerdos de Bretton Woods trataron de embridar al caballo loco. Y se forzaron las cosas para que el oro valiese, por decreto, 35 dólares la onza. Naturalmente, tan pronto se produjo la renuncia a ese artificio, en los años 70, el precio del oro se disparó, multiplicándose por 10, por 30, por 40…Y ahora, vuelve a caer dramáticamente…Y pese a que su precio es todavía elevadísimo con respecto a aquellos 35 dólares la onza, lo cierto es que si un antepasado nuestro del siglo XIV hubiese puesto todos sus ahorros en forma de oro, hoy tendría pérdidas colosales.
¿Por qué la gente sigue viendo al oro como algo estable y permanentemente revalorizable cuando es obvio que ni es estable ni se ha revalorizado en absoluto, si vemos su precio en una perspectiva de siglos? Pues la respuesta nadie la sabe. Debe tener que ver con razones extra-económicas, pienso yo. Y es una muestra más de la irracionalidad profunda de los comportamientos económicos, esa realidad irrefutable que los economistas académicos se niegan a aceptar, porque pone en cuestión toda su disciplina…
Privilegios, satélites, parásitos.
Esta semana pasada, cuando los hombres de negro de la troika estaban de visita inspectora en tierras lusas, se han aprobado nuevos recortes en ese país: 800 millones de euros, nada menos. Conozco esta indignante noticia mientras leo cosas como estas, que me abruman: “…los portugueses son naturalmente sufridores y pacientes. Muy apretada hade ser la cuerda con la que de manos y pies les aten sus opresores, antes de que rompan en un solo gemido…Un murmullo, una queja…¡tal vez solo ante el cadalso la soltarán! Nos venden los desleales canallas por quien nos dejamos gobernar; nos venden, nos llevan al mercado a golpe de bastón, de latigo y de mordedura de sus mastines, y allí nos vamos y no gemimos…y la nación se resigna y sufre, y continúa caminando hacia el sacrificio. Tal es, con las las diferencias de variados nombres y fechas, la historia de Portugal, casi desde que la revolución o restauración (mas bien restauración) de 1640 hizo de la nación portuguesa un patrimonio de media docena de familias privilegiadas y de sus satélites y parásitos”
Lo terrible es que estas palabras, que en buena medida, mutatis mutandis, se podrían aplicar también al resto de Iberia, están escritas, por Almeida Garrett (Carta de M. Cévola) nada menos que en 1830…Me quedo pasmado.
Antecessor
Eligieron mal Arsuaga, Carbonell y Bermúdez el nombre para la nueva especie de homínidos que apareció en Atapuerca. Homo Antecessor, le llamaron. Pero nadie pilla con esta terminología el verdadero significado de la expresión en latín, que es el que pretendían transmitir esos mencionados paleontologos.
Antecessor significa en latín explorador (también ancestro, que viene de ahí), y se forma con ante (primeramente) y cedere (ir, llegar, vagabundear).
Pues sí. Aquellos homínidos que se asentaron a las orillas del Arlanzón, donde ahora me encuentro, hace casi un millón de años, fueron los exploradores de Europa, sus verdaderos descubridores. Los primeros europeos. Europa nació en Burgos, podríamos decir.
Y como los actuales, aquellos primeros europeos se dedicaban, a comerse sin piedad unos a otros…Ya se veía la tendencia.
Enigma
Alguien tiene que explicarme algún día por qué los norteamericanos pierden la cabeza con cualquier cosa que suene a “terrorismo”, y sin embargo, ignoran olímpicamente los casi 100 muertos diarios que ocasiona su absurda política sobre el uso de armas de fuego. Que me maten si lo entiendo.