joludi:

Querido Líder.
En Orense como en Corea. Baltar sucede, cómo no, a Baltar. El nepotismo, lacra de los pueblos antiguos, va siempre de la mano del caciquismo. Ahora estoy leyendo algo sobre el fascinante imperio otomano, cuya longevidad y potencia (casi inigualada en la historia de la Humanidad) se debió en buena medida a que supieron, al menos inicialmente, proscribir el nepotismo en el aparato administrativo imperial. Los grandes dirigentes de la Sublime Puerta ascendían por meritocracia, no por derecho de sangre (el modelo subsistió con mas o menos pureza hasta Soleiman el Magnífico en el XVI ). Y eso se conseguía gracias a una medida radical. Solo podrían llegar a ministros aquellos que no teniendo sangre turca demostrasen tener más talento que los demás. Para conseguir esto, cada cuatro años, los enviados del Sultán hacían la “Desvirme”, la “Recolección”. Es decir, acudían a los territorios cristianos conquistados, Bosnia, Croacia, Hungría, Albania…y reclutaban a los jóvenes más prometedores, hijos siempre de gentes humildes. En Estambul los formaban cuidadosamente y hacían de los mejores los directores temporales del Imperio. No dejaban la más mínima puerta abierta a la formación de familias hegemónicas.  
En tiempos de Lepanto, por ejemplo, como se explica en el maravilloso libro del profesor Barbero, los cinco grandes visires que controlaban el imperio y en los que el Sultán había delegado todo poder, eran todos hijos de pastores o campesinos cristianos: Sokolovich era bosnio. Perteu era albanés. Pialí era croata.  Ahmet era húngaro. Y Lalá era de Montenegro. 
Así fue como el Imperio Otomano fue dueño del mundo durante varios siglos, pese a sus evidentes carencias en muchos ámbitos. Se salvó durante cientos de años de la corrupción interna que sobreviene cuando se consiente el nepotismo. Cuando se deja que Baltar suceda a Baltar.

Nepotismo

joludi:

Querido Líder.

En Orense como en Corea. Baltar sucede, cómo no, a Baltar. El nepotismo, lacra de los pueblos antiguos, va siempre de la mano del caciquismo. Ahora estoy leyendo algo sobre el fascinante imperio otomano, cuya longevidad y potencia (casi inigualada en la historia de la Humanidad) se debió en buena medida a que supieron, al menos inicialmente, proscribir el nepotismo en el aparato administrativo imperial. Los grandes dirigentes de la Sublime Puerta ascendían por meritocracia, no por derecho de sangre (el modelo subsistió con mas o menos pureza hasta Soleiman el Magnífico en el XVI ). Y eso se conseguía gracias a una medida radical. Solo podrían llegar a ministros aquellos que no teniendo sangre turca demostrasen tener más talento que los demás. Para conseguir esto, cada cuatro años, los enviados del Sultán hacían la “Desvirme”, la “Recolección”. Es decir, acudían a los territorios cristianos conquistados, Bosnia, Croacia, Hungría, Albania…y reclutaban a los jóvenes más prometedores, hijos siempre de gentes humildes. En Estambul los formaban cuidadosamente y hacían de los mejores los directores temporales del Imperio. No dejaban la más mínima puerta abierta a la formación de familias hegemónicas.  

En tiempos de Lepanto, por ejemplo, como se explica en el maravilloso libro del profesor Barbero, los cinco grandes visires que controlaban el imperio y en los que el Sultán había delegado todo poder, eran todos hijos de pastores o campesinos cristianos: Sokolovich era bosnio. Perteu era albanés. Pialí era croata.  Ahmet era húngaro. Y Lalá era de Montenegro. 

Así fue como el Imperio Otomano fue dueño del mundo durante varios siglos, pese a sus evidentes carencias en muchos ámbitos. Se salvó durante cientos de años de la corrupción interna que sobreviene cuando se consiente el nepotismo. Cuando se deja que Baltar suceda a Baltar.

Nepotismo

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